Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

martes 16 de junio de 2009

LA MOCHILA DE DOMINGA



Mientras Don Florencio batallaba con los tornillos oxidados que sujetaban el aparato contra la pared, Dominga ejercía una vigilancia tan tediosa como estéril. Ella no entendía nada de plomería, pero imaginaba que su presencia podía imponer cierto respeto. Eso, por supuesto, si no abría la boca.

- Voy a tener que sacar la mochila, Dominga- anunció Florencio con aire de fastidio.

- Claro, no queda alternativa- respondió ella sin ahondar en el tema.

- Hay que cambiar la goma de atrás… venga, toque.

- No hace falta Don Florencio- se excusó con una sonrisa cortés.

El hombre se arrodilló para avocarse a su cruzada contra los tornillos herejes. El visto bueno de la dueña de casa había renovado su tenacidad, y ahora atacaba el problema con una variada gama de herramientas.

- Sabe Dominga… su madre solía pararse en ese mismo sitio a observar mi trabajo- recordó Florencio al ver que la joven no se movía.

- No diga…

- Se lo juro – balbuceó ya con un tornillo entre los dientes-. Era una mujer maravillosa.

- Ya lo creo, Don Florencio- asintió ella algo sorprendida por la confesión del plomero de la familia.

- A veces pienso que debí haberle dicho que la amaba mientras hubo tiempo- agregó este como si fuera la única persona en el cuarto.

Dominga tardó unos cuantos segundos en procesar el contenido de aquella frase. La naturalidad de Florencio fue decisiva para dilatar su reacción.

- ¿Cómo dice?- inquirió finalmente.

- Dije que yo amaba a su madre, Dominga; y ella me amaba a mí- concluyó Florencio sin quitar la vista de sus tornillos.

La idea de que una mujer radiante como su madre pudiera haber pasado la vida enamorada de un hombre tan vinculado al excremento le dio nauseas. Los amores de aquella dama habían permanecido siempre como un misterio insondable; el secreto mejor guardado en un pueblo que admiraba su belleza desde las sombras. Ni siquiera se había filtrado la identidad del padre de Dominga.

- ¡No diga tonterías Florencio!- protestó sin ocultar su indignación.

El hombre no contestó. Tal vez pensó que había llegado demasiado lejos, o se rindió ante la imposibilidad probatoria de sus revelaciones. Pero el caso es que eligió callar, y Dominga sintió que otra puerta hacia el pasado se cerraba para siempre delante de sus ojos. Aquel plomero de maneras apacibles y dedos roñosos podía ser el primer indicio de la vida amorosa de su madre, e incluso, en el peor de los casos, ese hombre del cual le había sido vedada cualquier noticia desde que tenía uso de razón.

- ¿Por qué me cuenta esto?- preguntó con los ojos llorosos.

- Porque es la verdad- se limitó a decir Florencio.

- ¿Usted es mi padre?

- Ojala su querida madre me hubiera honrado con esa distinción- se dolió mientras aflojaba el último de los cuatro tornillos rebeldes-, pero por desgracia no lo soy.

- ¿Sabe algo de él?- prosiguió Dominga para no guardarse nada que pudiera atormentarla en el futuro.

- Poco y nada. Sé que murió, y que era mucho menor que ella.

- ¿Y usted?- demandó la joven repleta de ambigüedad.

- Yo hice lo que pude.

Don Florencio retiró la mochila y extrajo la goma defectuosa haciendo caso omiso del silencio. Ahora solo debía reinstalar el aparato.

Dominga no volvió a pronunciar palabra. Toda la vida, los amores de su madre se habían representado en su mente de las formas más diversas. Complejos y peligrosos, salvajes y desinhibidos, fugaces y prohibidos; pero jamás embarrados por la chatura de la rutina. Con suerte, aquel cuarto de baño oscuro y desabrido en el que ella se encontraba habría sido el escenario de sus horas más desenfrenadas. La bella y el plomero unidos por una existencia vacía y solitaria; sometidos al capricho de una cañería para desatar la pasión que corría por sus venas. Horroroso.

- ¿Qué le debo Florencio?- preguntó apenas él comenzó a guardar las herramientas.

- La verdad es que no sabría decirle.


FIN

6 lectores indignados:

Julia Scarone dijo...

Muy bueno, Dark!!!!! Uno de los mejores que he leído sin duda!!! Buenísimo!!

Mona Loca dijo...

El tema del sexo de los padres ( bueno, y del amor, también. No. Del sexo) es tabú y traumático SIEMPRE.
Con el plomero, o con el gerente de la multinacional, para uno como hijo es un tema inabordable sin un alto costo psíquico.

"qué le debo", pregunta la niña... Le debe la caída de la figura materna.
Nada menos.


Beso psicoanalítico.

La candorosa dijo...

Me ha fascinado este relato!!!...
Debo decirlo además, por sentir que ha sido el texto que me recibió en esta primera visita por su blog, señor!!!

Un placer!!

Saludos!!

Yoni Bigud dijo...

Julia: Muchas gracias. Me alegra que le haya gustado.

Mona: Tiene razón. Prefiero ni siquiera internarme en este tema. Muchas gracias por el análisis.

Candorosa: Ante todo, bienvenida. Y muchas gracias por tomarse unos minutitos para leer.
El placer es mío.

Un saludo.

Camilo dijo...

No hay dinero que pague "la verdad".
Excelente relato.
Saludos

Yoni Bigud dijo...

Camilo: Así es. Muchas gracias.

Un saludo.