Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

martes 2 de febrero de 2010

EL TÚNEL

Cuestión previa: Este es uno de los primeros cuentos que escribí. Hace mucho tiempo. No tiene gran valor literario pero es una historia simpática. Creo.



Cotignola asomó la cabeza sin tomar ninguna precaución, seguro de que sus cálculos eran correctos. Tardó unos segundos en reconocer el paisaje, pero cuando lo hizo, se arrojó de nuevo al túnel arrastrando consigo a tres de sus compañeros.

- Le pifiamos feo muchachos- dijo mientras estudiaba el plano con el rostro cubierto de tierra.

- ¿Cómo que le pifiamos, imbécil?- inquirió Caporalesi agitando el cucharón-. ¿Adónde estamos?

- En el comedor, justo debajo de la mesa de los guardias del turno noche.

- ¡Sos un infeliz Cotignola!- rugió Cafalonieri desde el fondo del túnel-. ¿No era que estabas bien orientado? Ahora el adivino nos va a arrancar los ojos.

- ¡Hay que tapar el agujero idiotas!- exclamó Cantalapiedra con mucho tino-. ¡Después ajustamos cuentas con este inútil!

- Lo que pasa es que ya rompí dos baldosas- acotó Cotignola sin ningún afecto por su integridad física.

- Las acomodamos como se pueda y nos volvemos ya mismo a la celda- sentenció Bartolucci, que era el líder indiscutido del grupo.

Una vez en la celda, la paliza fue descomunal. Todos querían aplicar por lo menos un golpe sobre el físico maltrecho del jefe de ruta. Se habían perdido meses de trabajo arduo, y si a alguien se le ocurría baldear el comedor, iban a terminar todos en aislación por tiempo indefinido. El alcalde no era precisamente un hombre comprensivo. Los reclusos le decían “El Adivino”, porque nadie había logrado fugar durante sus veinte años de gestión. Solía pasear por el comedor a la hora del almuerzo, y fulminaba con su mirada a aquellos que andaban envueltos en empresas riesgosas. Ni bien detectaba el miedo ordenaba una requisa inmediata en la celda del elegido, y jamás se equivocaba. Si no desbarataba un proyecto de fuga, descubría contrabando o alguna irregularidad de carácter grave.

Sin duda aquel hombre siniestro constituía, por sí solo, el principal obstáculo del plan; y para colmo ahora tenía un agujero de cincuenta centímetros por lado en el medio de su comedor.

Diez días tardó Cotignola en descubrir el error luego de sus vacaciones forzadas en la enfermería. Trabajó con disimulo en las horas de recreo en el patio, midió de nuevo las distancias entre la cocina y los pabellones, corrigió un desajuste de tres centímetros en las dimensiones de la alcaldía y dibujó un caño nuevo que no figuraba en el plano original. Esa misma noche, con sus mapas y dibujos anexos, expuso sus conclusiones frente al grupo de escapistas.

- Cuando nos topamos con el caño maestro tendríamos que haber doblado a la derecha, y no a la izquierda- dijo apretando su índice sobre el plano en el sitio exacto del error.

- ¡Pero eso fue hace más de tres meses!- exclamó Bartolucci.

Antes de que los ánimos se caldearan lo suficiente como para enviarlo de nuevo a la enfermería, el ingeniero jugó la carta que guardaba en la manga.

- Caporalesi…- interrogó con los dientes apretados-, cuando te quedaste cavando solo en pascua, ¿cavaste para la derecha como yo te había pedido?

- Sí Cotignola. No quieras salvar tu responsabilidad, que los cálculos eran tu trabajo.

- A ver Caporalesi… levantá la mano derecha- exigió con indiferencia.

Los siete hombres se arrojaron frenéticos encima del infeliz apenas hubo este confirmado las sospechas de Cotignola. La paliza fue aún más feroz que la sufrida por el ingeniero en la noche de las baldosas rotas (tal era el nombre con el que habían bautizado ese desastre ni bien les volvieron las ganas de ironizar); tanto que acabó con el ignorante en la enfermería y los demás en la celda de castigo.

Devueltos a la rutina de presidiarios comunes comprobaron que el túnel aún no había sido descubierto, y, por supuesto, que hacía meses que nadie baldeaba el comedor. Las obras de reparación –o mejor dicho de redirección- comenzaron de inmediato, con la presencia estelar de Caporalesi trabajando en doble turno. Las facas de sus compañeros habían grabado una “D” y una “I” en las palmas de sus manos, pero aun así, siempre había un encargado de supervisar cada palada.

Al comienzo del verano el nuevo túnel estaba listo. A escasos treinta centímetros de la superficie, Cotignola aplicaba todo su arte en la confección de un boquete para emerger con algo de discreción.

- ¡Qué caras raras tienen los italianos!- exclamó el adivino durante el que debía ser el último almuerzo.

- ¿Nosotros?- preguntó Bartolucci con cara de yo no fui.

- Sí, ustedes. ¿Por qué tan nervioso Caporalesi?

Caporalesi miró a sus compañeros en reclamo de esa mano que nadie podía tenderle. Ahora todo reposaba sobre sus hombros, y su físico no toleraría otra golpiza.

- Es que tiene una mancha de tuco en su camisa, señor alcalde- aventuró sin mucho convencimiento.

El adivino examinó la mancha y se desvió por completo del asunto. Es que las mentes inferiores, cuando superan el primer impacto, tienen la capacidad de reducir a las superiores a su condición.

- Es cierto Caporalesi- concedió el alcalde-. Es para estar a tono con el piso de nuestro comedor-, agregó echando una mirada recriminatoria sobre los guardias. Su instinto era implacable aun en la casualidad.

Si bien la bomba del adivino había explotado demasiado cerca, el comentario sirvió para librar al grupo de una segura requisa. La cartulina gris que tapaba el agujero, aunque exactamente igual al tono de la pared, no habría soportado una inspección minuciosa. Apenas si lograba mantenerse en pie ante las miradas indiscretas que los guardias lanzaban desde el exterior de la celda.

Cotignola asomó la cabeza sin tomar ninguna precaución, seguro de que sus cálculos eran correctos. Tardó unos segundos en reconocer el paisaje, pero cuando lo hizo, se arrojó de nuevo al túnel arrastrando consigo a tres de sus compañeros.

- Estamos afuera muchachos. Buena suerte para todos. Nos vemos en el Infierno.



FIN

26 lectores indignados:

El Gaucho Santillán dijo...

Muy bueno che!!

Sinceramente, me gustò. bien escrito.

Te felicito!!

Saludos

fea dijo...

Usted estuvo preso, no de vacaciones!!!
Me parecía raro tanto tiempo de veraneo.




Bueno, no se aflija, los trajes a rayas son muy sentadores.

La candorosa dijo...

Muy buen relato señor!!!

Además, con excelentes "toques" de humor.
Ni hablar del personaje del "adivino" con "Su instinto, que era implacable aun en la casualidad"!!!

Abrazo!

Mariela Torres dijo...

Es buenísimo, me gustó mucho, y eso que no me gustan los cuentos de presos, me duele su sufrimiento.

Saludos.

Julieta dijo...

Excelente !! cavaste un túnel alguna vez ? ,parece todo tan verídico..
Saludos

Any dijo...

Concuerdo con Fea, para mi que ud estuvo preso durante este mes, la tiene demasiado clara con respecto a los túneles ;)
Y lo de "derecha-izquierda" no es tan raro eh? conozco un par que tienen que pensarlo un par de segundos.
Me lo leí de un tirón, me enganchó.
un abrazo

Carugo dijo...

Y pensar que yo no comentaba en este blog.
Excelente!

Mona Loca dijo...

Mire, Yoni: hay una cosa qeu no deja de sorprenderme. No es lo bien que relata, eso ya sabe que me gusta.
Pero la maestría para elegir los apellidos!! ¿¿Còmo hace???

besooo

Laura dijo...

Muy buen relato, con las palabras exactas para entender y enlazadas de tal forma que logran atrapar. Un saludo.

Yoni Bigud dijo...

Gaucho: Muchas gracias a usté.

fea: Sí, sí, los trajes a rayas adelgazan.

Candorosa: Muchas gracias a usté. Si mal no recuerdo, el adivino era el nombre de la consigna para la cual adapté el cuento.

Mariela: Duras vidas. Muchas gracias a usté.

Julieta: No, pero no lo descarto. Muchas gracias.

Any: Muchas gracias. Es cierto, hay mayores de edad que tardan segundos eternos en identificar la izquierda y la derecha.

Carugo: Muchas gracias por pasar.

Mona: Muchas gracias a usté. Sepa que los apellidos son elegidos (y el algunos casos inventados) muy a conciencia. Me alegra que lo note.

Laura: Muchas gracias a usté.

Un saludo.

Fabiana dijo...

Don Yoni:

Por eso me cuido tanto de cometer un asesinato..
Si me meten presa y me toca la parte de Caporalesi, la paliza que como me saca de la cárcel en un sobretodo de madera.. :P

Excelente cuento!! :D

Usté es un maestro!
Sépalo! :)

Besos!! :D

María dijo...

Coincido con Mona en la maestría para escoger apellidos. Seguramente, usted lee mucho.
Buen cuento, excelente imaginación.

Beso!

Calavera dijo...

Le confieso que lo leí en medio de cierto cobrecogimiento (perdone): el primer apellido con el que uno choca, Cotignola, es el apellido ed una novia que supe tener en la adolescencia y que creía haber olvidado hasta hace unos veinte minutos.

Por lo demás, un relato muy divertido; me gustó muchísimo este efecto: que los apellidos sonaran parecidos, con algo en en común, pero ¿qué es? Ah, si: ¡"los tanos"!
Soy particularmente afecto a estas sorpresas literarias.

¡Un abrazo!

Mona Loca dijo...

Y catooooooorce...

Samain dijo...

Muy, muy bueno.
Me recordó a The Shawshank Redemption (Sueños de Libertad). Si no vió esa película (Basada en escritos de Stephen King) se la recomiendo ;).

Jazmin dijo...

Muy bueno. Me gustó mucho.
Escenas para una comedia negra francesa... "Me pegué el viaje" (la Alfano dixit).

Lo de los tanos, excelente.

Saludos

PD: ah, soy de esas personas que para saber cuál es la izquierda tienen que hacer la siguiente conversión: si "ésta" es la derecha, entonces la otra es la izquierda. Lo cual me haría peligrosa para manejar, supongo.

Yoni Bigud dijo...

Fabiana: No me diga que lleva tatuadas las letras en las palmas.
Muchas gracias a usté.

María: Muchas gracias a usté. Creo que los nombres y apellidos que uno elige para las diferentes historias son sumamente importantes. Yo les dedico bastante tiempo.

Calavera: Me alegra haberle traido de regreso a su antigua novia. Haga el favor de no volver a olvidarla. No sea gil.
Muchas gracias a usté.

Mona: Muchas gracias a usté.

Samain: Muchas gracias a usté. Gran película la que trae a la mesa. Una joya.

Jazmin: Bienvenida también aquí. Muchas gracias a usté.
Le pregunto lo mismo que a Fabiana... no tendrá las letras grabadas en las palmas.

Un saludo.

Yoni Bigud dijo...

Y... 18.

Ahora sí.

miralunas dijo...

escuche, querido: me ha encantado su relato. como siempre, claro. su genio tiene como costumbre algunas frases geniales.

un divertido placer, mire.

Yoni Bigud dijo...

miralunas: Muchas gracias a usté.

Un saludo.

dondelohabredejado dijo...

Cuando leí su aclaración de que era un cuento viejo sin gran valor literario, me enojé un poco con usted.
Qué es eso de andar abriendo el paraguas?? Qué es eso de andar influyendo en mi opinión antes de que lea el relato??

Me ha encantado, tanto la historia como el modo en que la desarrolló, las imágenes, las características de los personajes, el humor que siempre le sabe poner.
El estilo suyo es muy particular y está muy presente.

Pero al terminar de leer entendí su aclaración.
El relato me encantó, pero puedo ver que es de hace un tiempo. Y eso es bueno, porque veo que se ha superado a sí mismo.
El relato es muy bueno y a la vez comparo con los últimos trabajos y digo, claro, ha crecido mucho este escritor!!
Todo esto, dicho desde mi humilde opinión de lectora, ya que no soy experta ni conocedora de la composición literaria.
Un abrazo.

Yoni Bigud dijo...

Marina: Muchas gracias a usté. A eso me refería cuando aclaré. Al hecho de que este escrito no representa mi presente literario (eso sin decir que crecí, solo que cambié, y bastante).

Un saludo.

Laura dijo...

ni me muestre las manos por favor, sospecho las letras tatuadas

shhhhh, no aclare




tarde pero seguro mi paso por aqui, me encantó, mi beso señor

PABLO FRANKO dijo...

Excelente relato, ameno que le lleva a uno ha leerlo hasta el último punto. Suerte que el adivino no le preguntó por D y I en las palmas a Caporalesi. Un abrazo

Yoni Bigud dijo...

Pablo Franko: Bienvenido. Supongo que, después de todo, el adivino no era tan perspicaz.

Un saludo.

marga dijo...

Me encanta el final! :)))

Qué lío con la derecha y la izquierda, yo muchas veces me equivoco y creo que no soy la única...lo malo es cuando te equivocas conduciendo, jeje

Besos!!!