Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

martes, 22 de septiembre de 2009

OJOS GRISES




En un sótano húmedo de paredes tiranas, un hombre de ojos grises monta guardia. Observa los gloriosos contornos de la cautiva y sueña un amor que se le antoja factible. Piensa los olores, compone los sabores, y acaso extravía algún fragmento de realidad.

En un instante caduca el hombre y prevalece la pureza de la fiera. Gritan los ancianos resortes del colchón mientras el torso desnudo y brutal impregna su transpiración en esa piel blanquísima.

La muchacha se retuerce agónica mientras la bestia progresa en su carne. Con las muñecas sangrantes entre sus ataduras, arquea la espalda y eleva el pecho al ser escrutada, sabiendo que de esa forma lo mismo se alivia y se ofrece.

Y percibe la saliva; y la lengua que la explora; y los ritmos violentos que le nublan la vista; y los gemidos que traicionan su orgullo.

Y los fluidos la invaden. Y ella sin soltar una lágrima.

En un sótano húmedo de paredes tiranas, un hombre de ojos grises yace junto a un amor soñado. Goza los olores, celebra los sabores, y acaso se inventa algún fragmento de realidad que ya no cuestiona.


FIN

miércoles, 9 de septiembre de 2009

BREVES RELATOS DE PECADORES (V)



BREVES RELATOS DE PECADORES (V)

NO HAY TIEMPO PARA MÁS

Maccarone irrumpe con violencia. Amenaza, roba y huye. En plena fuga es descubierto y herido, pero la noche está de su parte y se refugia en la oscuridad de un galpón. La herida lo debilita, y mientras la policía cierra el cerco, el rumor de los vecinos ardidos le infunde un temor que lo paraliza.

Una piedra golpea en la chapa, y pronto le siguen otras. Se filtra el argumento de un comisario y el crujir de las antorchas. La sangre brota de su cuerpo y lo nubla, pero a su modo entiende que el tiempo se consume.

Un perro viejo se escabulle por la puerta entreabierta, exponiendo su figura difusa. Algunas balas silban y otras perforan la carne y la chapa. Ya no es tiempo de palabras, y Maccarone no tiene fuerzas para batirse. El aullido tenue del animal penetra en sus oídos, y él interpreta un presagio. Se incorpora, se limpia el sudor y medita el dibujo de su hora final.

Maccarone abandona la oscuridad y el sigilo. Patea la puerta y salta sobre la bestia que descansa. El fuego propio se confunde con el otro. Aprieta un brazo en el cráneo y por un instante lo protege. Le quema el abdomen, siente un impacto en la rodilla y pierde el equilibrio. Ya no tiene municiones.

Ahora todo es silencio. Maccarone se extingue en el suelo rodeado de rostros satisfechos. Gira la cabeza y percibe un bulto inmóvil. Tal vez sea un policía, tal vez un vecino curioso. Con suerte el comisario. De cualquier modo, ya no hay tiempo para más.


FIN

martes, 1 de septiembre de 2009

BREVES RELATOS DE PECADORES (IV)



BREVES RELATOS DE PECADORES (IV)


EL HERMANO DE DALILA

Una novia del pasado que el tiempo reveló inmerecida para un sujeto carente de imaginación como yo, acaba de sufrir una terrible tragedia. Sin embargo, no tuve el valor de ofrecer mis condolencias.

Durante los dos años y medio que duró nuestra relación, nunca fui capaz de establecer un vínculo sólido con su hermano menor. Los padres conformaban un matrimonio encantador, pero él era un muchacho tímido –e incluso un tanto agresivo- que en general daba la sensación de hallarse en plan de huída. Hablando con sinceridad, debo admitir que me ponía nervioso, y que estaba convencido de que me guardaba un rencor infundado, de aquellos que mi madre solía catalogar como peligrosos.

Una noche, sobre el final del noviazgo, tuve que quedarme a dormir obligado por una tormenta. Recuerdo que sentí su mirada gélida en la oscuridad del dormitorio, y por primera vez tuve miedo. Todos sabíamos que estaba molesto por la obligación de compartir el territorio con un extraño.

Hace tres días se levantó, tomó un baño y eligió un atuendo elegante para ir a la universidad. Segundos más tarde irrumpió en la cocina y sin mediar palabra disparó varios tiros a sus padres con una escopeta que escondía desde hacía meses en el sótano de la casa. Una ingeniosa forma de honrar a los progenitores.

Finalmente miró a su hermana Dalila (que estaba petrificada frente a su desayuno) como decidiendo su futuro. Entonces giró sobre sus talones, asesinó al perro y se pegó un tiro en la boca. Esa es la versión que le oí repetir al novio de ella delante de los micrófonos de los reporteros.

Lo curioso de esta historia -horrorosa por cierto- es que también yo me vi afectado por sus derivaciones. Me molesta que Dalila tenga novio, aun cuando no es el primero después de mí.


FIN