PRIMER INTERCAMBIO
Primera epístola de Von Riddelbaun a Schroeder
Estimado Doctor:
Decidí sumergirme de lleno en la maraña de argumentos enfermizos que conforman los cimientos de su teoría, pero al cabo de algunas horas fui derrotado con estrépito. Lo admito bajo la sombra de una pequeña vergüenza, aunque en el fondo de mi ser entienda que esta derrota es el lógico desenlace que debe producirse luego del confronte entre una mente preclara como la mía, y una psique trastornada como la suya. Discúlpeme si se siente apabullado por mi sinceridad, pero las cosas son como son, y para los amantes del disfraz existen las fiestas de carnaval.
Usted sostiene, con una pasión a mi juicio desmedida (y hasta ridícula), que la filosofía es la madre de todas las ciencias. Y en tren de apuntalar estos nuevos devaneos de su intelecto, recurre una vez más al cucharón de la contumacia para revolver el contenido autoritario de su caldero y extraer un sinfín de postulados que solo son expresiones vivas de las más conocidas corrientes de esta filosofía maternal que pretende que nos traguemos sin la ayuda de ningún digestivo. Pues permítame que le diga algo, estimado doctor, con todo respeto: Ni el existencialismo, ni el realismo ni el idealismo van a servirle para explicar esta polémica maternidad. Tendrá que bombardearnos con razones mucho más sólidas, porque los que observamos el asunto desde la vereda de las luces pálidas no hemos logrado dilucidar cómo diablos ha hecho papá para introducir tamaña semillita en la panza de mamá.
Tomemos como ejemplo, estimado doctor, a la matemática, ciencia frente a la cual su protegida debiera ensayar una solemne reverencia, no sin antes tumbarse de rodillas para agradecer a los dioses por semejante privilegio. El Universo mismo está regido, en todo o en parte, por las leyes matemáticas. Es decir que esta disciplina es una pieza fundamental en la esencia del cosmos. ¿Comprende? La matemática no necesita del Hombre para imponer al Universo sus principios y sus fórmulas; estaba aquí mucho antes de que llegáramos nosotros, y estará aquí luego de que nos hayamos ido. En cambio, su idolatrada filosofía existe a través del Hombre, y solo a través suyo. Sin el Ser Humano no puede haber filosofía, ni nada que se le parezca. No estuvo en el mundo antes que nosotros y, ciertamente, no lo estará después. Piense y diga lo que le plazca, pero esta es una verdad incontrastable.
Se me ocurre una pregunta para que usted se de el gusto de ensayar otra de sus estrambóticas respuestas. Lo único que le pido es que en esta ocasión se ponga como objetivo lograr la claridad de la idea antes que la belleza en la exposición. Su última misiva fue poco menos que ininteligible.
¿Cómo puede una madre haber nacido después que su hija?
Es usted un orate.
Suyo,
Profesor Arthur Von Riddelbaun
Primera respuesta de Schroeder
Estimado profesor:
Decidí posar la mirada sobre el amplio círculo de mis amistades, y he notado que usted permanece dentro solo gracias a que le tengo algo de lástima. Sugiero que a partir de hoy nos relacionemos como lo que somos: Dos almas desnudas. Tome esto en cuenta la próxima vez que decida enviarme el testimonio escrito de su afecto.
Comienzo por aclararle, para tranquilidad de los dos, que su sinceridad me apabulla tanto como los arrebatos coléricos de mi nieta de dos años. Continúe en esa línea, que descuento va a acarrearle a su espíritu bufonesco muchas más alegrías que sinsabores. Por supuesto, siempre de frente a un auditorio que esté a la altura de su exposición vanguardista. Por ejemplo, mi nieta.
Veamos si a pesar de mis conocidas limitaciones intelectuales he logrado comprender correctamente el fondo de su sesudo argumento: La matemática, disciplina por culpa de la cual usted nunca obtuvo su título de ingeniero, se encuentra ubicada en el vértice superior de la pirámide científica, y de ella se deriva el resto del conocimiento humano. A continuación, preso de un irrefrenable arrebato de coraje, usted explica el milagro de la maternidad basado únicamente en el factor cronológico, habilitando al resto de la comunidad científica para enarbolar a la raíz cuadrada de dos como antecedente inmediato de la estética trascendental de Immauel Kant. ¿Y por qué no? Dos y dos son cuatro y de pronto hemos parido a Kant, a Platón, a Aristóteles, a San Agustín, a Descartes, a Schopenhauer y a Kelsen. Entonces el recorrido de aquella famosa semillita que papá dejó caer en la panza de mamá se presenta cristalino delante de nuestros ojos.
He decidido concentrarme -tal cual usted me lo solicitara en su última epístola- en la claridad de la idea; y pienso que si esta vez logra contener el brote psicótico hasta el final de la lectura, estaremos dando un paso enorme hacia el terreno de la concordia. Imagine los resultados: La paz definitiva entre el número y el verbo; la extinción del planteo acerca de la filiación; el triunfo de nuestra prolongada amistad sobre este ridículo altercado. ¿No sería algo maravilloso?
Respondo ahora su pregunta insidiosa sin evasivas ni elípticas:
En el terreno poético, en el reino de la metáfora, una madre puede nacer incluso milenios más tarde que su hija.
Espero que mis conclusiones no lo extravíen por completo de la realidad, sin embargo evidente.
Temiendo por su salud,
Doctor Nicholas Schroeder
Continuará...