
“Ayer por la noche, mientras se celebraba el último enlace de la jornada en la parroquia de Santa Lucía, el techo de la misma se desplomó de repente matando a setenta y siete personas en forma instantánea. El único sobreviviente de esta terrible tragedia resultó ser el novio, quien salvó la vida de milagro al quedar sepultado bajo el enorme crucifijo de madera que coronaba el altar.”
No, no. Es demasiado. ¿Por qué siempre tiene que morir gente para que yo me salve? Encima, si ocurriera ese desastre también perdería a mi familia de sangre y a todos mis mejores amigos. Bueno, es cierto. A todos no. El gordo no quiso suspender la excursión de pesca porque la empresa le comunicó que no le devolvía la plata. Ojala que se le de vuelta el bote en el medio de la laguna y se ahogue.
¿Qué pasa? Lo estoy diciendo en sentido figurado.
En realidad yo no quiero que mueran personas. Tantas personas. No, no; ninguna persona. Solo quiero un milagro que me de una segunda oportunidad para reflexionar sobre mi vida. ¿Es mucho pedir?
“Ayer por la noche, un grupo comando interceptó un automóvil que trasladaba a una joven novia rumbo a la parroquia de Santa Lucía, y luego de despojar de sus pertenencias a los tres ocupantes del vehículo, exigieron ser llevados al domicilio de la familia, de donde sustrajeron diversos objetos de valor y dos pasajes a Aruba. Los rehenes fueron liberados en horas de la madrugada en la localidad de González Catán.”
No, no. Eso tampoco. ¿En qué estoy pensando? El final es demasiado feliz, y si el cura se interesara por la suerte de Claudia y se quedara despierto esperando el desenlace del asunto, en medio de la emoción tal vez nos casaría a las cinco y media de la mañana. ¿Además qué tiene que ver lo de los pasajes a Aruba? Aunque los robaran yo no me salvaría de la luna de miel; y en todo caso, justo de esa etapa prefiero no salvarme.
La cosa es más o menos así: O se muere alguien, o al menos me los retienen hasta la tarde del día siguiente. Si no estoy frito.
“Novio confiesa ser gay en medio de la ceremonia, se arroja en brazos de su suegro y huyen ambos en el Mercedes Benz color negro que había servido para trasladar a la novia hasta la iglesia. Fuentes cercanas a la investigación informaron a este matutino que el maduro galán habría alquilado el rodado no por una sola noche, sino por quince días, hecho por el cual se sospecha que la maniobra estuvo cuidadosamente planificada. Sin embargo, los dos individuos no son intensamente buscados por la policía; ni intensamente ni de ninguna otra forma, ya que el fiscal de turno ha declarado que la conducta exhibida no se encuentra tipificada en el código penal.”
¡Pero yo no soy gay! ¿Y qué es eso de que los individuos no son ni intensamente buscados ni nada? Un diario jamás publicaría la noticia de esa manera. Yo creo que se enfocarían más en Claudia y en la mamá, que conociéndolas, tendrían un ataque de furia digno de ser reproducido en cadena nacional. Pero bueno… yo nunca me llevé bien con mi suegro, que por cierto es bastante feo. De escaparme lo haría con Marcela, que además de ser un “sí” asegurado, tiene un novio que es un alfeñique. No podría pegarme aunque quisiera. Y si tuviera que hacerlo con un hombre, creo que elegiría al hermano de Claudia, que no solo tiene un aspecto más pulcro que el resto de su familia –incluida Claudia- sino que le gusta mucho cocinar.
Bueno, confirmado. Soy una persona horrible, y sería capaz de cruzar de vereda solo para conservar una mínima cuota de libertad. Sin embargo, mi problema real es con el compromiso, no con el sexo en el sentido más literal. Yo quisiera que la cosa pública, ese asunto estatal tan invasivo, se conformara con mis clásicas promesas de adolescente. Pero no. Enseguida tenemos que hablar de la bendita madurez, y de la palabra empeñada en circunstancias no demasiado claras. Como si un puñado de individuos vestidos de etiqueta fueran suficientes para justificar la ruina absoluta de una existencia. O de dos. El amor se corona o se hunde de la mano de dos irresponsables; como mínimo.
“Novio emprende carrera desenfrenada hacia la libertad sin dar demasiadas explicaciones a la afición. Mientras todos aguardaban por una respuesta afirmativa, el ahora fugitivo recorrió veinte metros de alfombra roja en un tiempo apto para la disputa de la plusmarca mundial. Su paradero es, por ahora, desconocido.”
A la pelota. Un diario jamás publicaría una trivialidad semejante. En el fondo, es como decir “novio se borra a último momento, igual que tantos otros”. Seamos francos; si no ocurre un milagro de proporciones titánicas, estoy condenado a exaltar las virtudes de la monogamia frente a un montón de hipócritas agobiados por una infelicidad colosal por el resto de mi vida.
Listo. Ahí viene. Saludo acartonado, cavilaciones internas similares a las mías, sudor helado saboteando el maquillaje y un camino demasiado extenso por recorrer después de que la alfombra roja desaparezca.
Sin sermones por favor, padre. Haga lo que Dios le ha encomendado y déjeme solo con mi alma. Usted es incapaz de comprender su propia obra.
“Novios se casan sin novedades de bulto. Acepta por esposo, acepta por esposa, un vals, un carnaval carioca y quince días de sexo con más facha de despedida que de otra cosa”.
Bueno. Eso es bastante más cercano a la realidad, aunque seguimos bien lejos de la publicación. O se muere alguien, o al menos me manosean a una veinteañera en la confusión del carnaval carioca. De otro modo no voy a tener ningún recorte periodístico para mostrar a mis nietos.
¡Qué lindo! Ahora que lo pienso, es la primera vez que me preocupo por el futuro de mi familia.
- ¿Acepta por esposa a...
No. No acepto. Pero eso es lo de menos.
- Sí, acepto.
FIN