
Está atado, sedado y todos los “dados” que puedan ustedes imaginar, nos dijo muy seguro Pastene Drago mientras tironeaba de los bigotes del felino. En ese momento su actitud me produjo escozor, pero me tranquilizó la idea de que la clase de desgracia que estaba imaginando solo ocurría en las caricaturas. Y se me escapó una sonrisa cuando recordé al gato Silvestre cacheteando al león en el circo, completamente ajeno a la suerte corrida por las llaves de la jaula; o a Tom burlándose del perro Spike sin saber que Jerry había removido sus ataduras. En rigor de verdad, era impensable el desenlace que luego tuvieron los acontecimientos, por más irresponsable que fuera el comportamiento de nuestro guía.
Pensando las cosas con ecuanimidad, es probable que nosotros también hayamos tenido algo de culpa en esta tragedia. Pastene Drago no habría ensayado nunca esas acrobacias si no hubiera recibido la aprobación y el aliento del grupo.
¿Pero qué podíamos hacer?
Luego del asunto del bigote no se escuchó siquiera un gruñido, por lo tanto el guía comenzó a entretenernos con algunas poses obscenas que ponían en tela de juicio la masculinidad de nuestro melenudo amigo. Y la verdad es que el numerito tenía su costado cómico, o por lo menos así fue hasta que la bestia entreabrió los ojos justo en el instante en que Pastene Drago le daba la espalda, pegándole pataditas en el hocico con el taco del borceguí mientras lo llamaba “mi putita”.
Lo que siguió fue una típica escena en donde la víctima del abuso –o mejor dicho, tentativa de abuso- acaba matando al abusador en defensa propia. Con la única diferencia de que en lugar de clavarle un cuchillo o partirle la cabeza con un sartén, esta se devoró hasta el último hueso en una sentada.
Es cierto que nosotros nos quedamos petrificados y en ningún momento intentamos salvar su vida, no voy a negarlo; pero es justo aclarar que la maniobra ocurrió en pocos segundos. Él percibió el pánico general, e incluso llegó a darse vuelta, pero aún me parece que murió aferrado a aquella absurda teoría suya de que el animal se encontraba encadenado al tronco de un árbol.
Mientras el drama se desarrollaba, los demás buscamos refugio en el jeep y aguardamos hasta que el gatito acabó su cena para recuperar la llave de arranque entre las ropas harapientas del malogrado Pastene.
Cuando el felino decidió abandonar los restos de su cena pasó a menos de un metro y medio de la trompa del vehículo. Estaba tan cerca que un turista norteamericano decidió retratarlo. Esa ocurrencia me pareció innecesaria y morbosa, aunque tengo que admitir que la fotografía quedó preciosa.
FIN


3 comentarios:
(¿el post de Cerriwden tiene algo que ver con esto o es casualidad?)
Eso le pasa por subestimar al otro, y aprovecharse de un momento de debilidad.
Hasta el pelo más delgado hace su sombra en el suelo, decía alguien muy sabio.
Le diría "ahí aprendiste una lección", pero no creo...
besos
Nunca me gustaron los gatos.
¿está disponible esa foto?
Saludos
Mona: Es una casualidad. Y la lección... claro... le quedó a medio aprender.
Gamar: Sí, pero le aseguro que no querrá verla.
Un saludo.
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