Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

viernes, 13 de noviembre de 2009

LA HOGUERA DE LOS ESPECTROS



La muerte va con nosotros desde que nacemos, y sin embargo nunca acabamos de acostumbrarnos a su compañía. Me siento sobre la arena helada, tomo una antorcha y la arrojo con fuerza al corazón de hojas secas oculto bajo los leños. Los espectros se agrupan en torno del fuego y calientan sus huesos debajo de los harapos humeantes, insinuando un tácito acuerdo con mi presencia. Entretanto el mar guarda una distancia prudente.

Algunas sombras se arriman convocadas por la hoguera, buscando cobijarse entre el viento y la llovizna. Apenas se distinguen en la oscuridad. La hueste espectral se apiña al oír más pisadas en el lodo. Hablan con susurros y devoran los mendrugos mientras contemplan el oscilar nervioso de las lenguas de fuego.

La noche confirma su amenaza arrojando relámpagos que permiten distinguir la procesión de ánimas que deambula por la playa. Los espectros me observan con recelo; tensos, inquietos. Algunos se alejan hacia el pinar, aunque el sitio que vacían se cubre con nuevas presencias que recogen las migajas perdidas en el viento.

Gotas pesadas acallan los graznidos de las gaviotas. Los más obstinados resisten farfullando entre las chispas de un fuego aún vigoroso, pero la mayoría adivina un sendero seguro hacia el bosque.

Muy pronto me quedo solo entre los restos de mi hoguera derrotada. Los espectros, revueltos en tropel, se pierden detrás de los médanos castigados por la tormenta.

Una anciana de contornos decrépitos regresa de las tinieblas siguiendo su propia huella. Me observa en detalle, y así se queda, inmóvil, apenas iluminada por los leños rojizos a punto de expirar.

De pronto se revuelve y extrae una mortaja de lo profundo de sus harapos. Es blanca, cosida a mano. Una suerte de ofrenda, asumo. Luego la deposita en el suelo y regresa al bosque.

Entonces el fuego se extingue, finalmente. Y dejo de sentir su vigor en mi cuerpo. Y ya no estoy mojado.


FIN

19 comentarios:

laura dijo...

que buen relato Don, cada detalle está más que cuidado.

esa descripción de la parca es increíble,

ni hablar de ese fuego, me trajo recuerdos de viejos campamentos

muy bueno

un beso

Dante Bertini dijo...

no creo que tus escritos acaben necesariamente en el olvido...
en todo caso dependerá de tí.

un saludo y gracia spor el link

La candorosa dijo...

Dígame que decir para no caer solo en la redundancia de elogiar sus escritos!!

Sin pedir permiso me llevó de la mano entre figuras espectrales, esas que seguramente nos esperarán a todos...

Le agradezco que se tome el tiempo de regalarnos sus letras, señor!

Saludos!!

Julieta dijo...

Siempre te digo que me gusta lo que escribís ,no voy a repetirlo..Tu descripción de la muerte me puso la piel de gallina ,conseguís que uno esté pendiente de cada palabra esperando lo que sigue..Excelente....
Besos

miralunas dijo...

habilidosa tensión de espectro y lluvia..., ahora no me animo a mirar al rededor......es viernes 13!

Zeithgeist dijo...

waaaa boludo q groso la puta madre.
MUY groso chabon.

No sé como perop te sale eso de lograr que el lector pueda imaginarse solito MUCHO de las escenas sin que vos tengas q detallarlas. Mis mas profundos respetos.

Any dijo...

La última imagen de la vieja sacando la mortaja es muy impresionante. Y ya no está mojado ni siente frío, ni miedo ...
Aia, da un poco de cosa che, pero es un texto que se lee de un tirón.
saludos

Marina Judith Landau dijo...

Gracias por haber compartido esta obra. Creo que ya se lo he dicho, usted es un escritor de aquellos. Pero de aquellos, aquellos!!
Un abracito.

Calavera dijo...

Como dijeron por aquí arriba, las imágenes acuden enseguida con apenas unas pocas palabras, y es una habilidad que ya me gustaría tener. Mientras leía se me acopló un recuerdo: una escena, una de las primeras, de El Séptimo Sello; aquella playa en donde Antonius Block se encuentra, por primera vez, con la muerte. Lo felicito.

¡Un abrazo!

Yoni Bigud dijo...

Laura: Muchas gracias.

Dante B: El tiempo lo dirá. Muchas gracias.

Candorosa: Y llegó sana y salva. Muchas gracias.

Julieta: Muchas gracias.

Miralunas: Lo bien que hace.

Zeithgeist: Muchas gracias a usté.

Any: No siempre la lluvia moja, o es mala. Muchas gracias.

Marina: Muchas gracias a usté.

Calavera: No he visto esa película. Muchas gracias.

Un saludo.

Mariela Torres dijo...

Usted escribe de una forma maravillosa, siempre.

¡Saludos!

Por Noralí Moreyra dijo...

Se me puso la piel de gallina, y me recordó a un sueño muy vívido, en la que la parca. con cuerpo de anciana, estaba detrás mío. Adelante con los relatos!

Yoni Bigud dijo...

Mariela: Muchas gracias a usté.

Noralí: Seguiremos adelante. Muchas gracias.

Un saludo.

Yoni Bigud dijo...

Y... 14.

El Gaucho Santillán dijo...

Buen relato. "Y ya no estoy mojado" es un excelente final.

Y veo muy bien que no dejes los comentarios en 13!!

Saludos

Winter dijo...

Y yo dónde estaba que me perdía este blog?
Yoni, lo suyo es cosa seria. Alguna vez me contará cómo es que escribe de este modo? Estudió letras adicionalmente a derecho? Cómo aprendió?
Le dejo mis respetos.

Camilo dijo...

Otra vez, Bravo!

No me canso de decirlo amigo.
Buen relato.

Saludos,

Duquesa de Katmandu dijo...

Muy bueno.
Y sí, a nadie le gusta recordar que somos mortales, piel, huesos, tejidos, etc. y algo más (intangible, creo yo).

saludos,

Yoni Bigud dijo...

Gaucho: Muchas gracias. Ni 13 ni 17. Sepaló.

Winter: Muchas gracias a usté. Lo mío es solo improvisación y voluntad.

Camilo: Muchas gracias a usté.

Duquesa: A nadie le gusta, y sin embargo no se puede evitar. Muchas gracias.

Un saludo.