
Cordelio cerró la puerta de la habitación y observó al anciano con un dejo de curiosidad. No comprendía por qué aquel hombre ausente de sí mismo debía morir por su mano, y esa idea refrenaba un poco el obrar mecánico y profesional que solía rubricar sus trabajos. Sabía lidiar con la resistencia, las súplicas y hasta el llanto de los que afrontaban el irreversible final, pero no estaba acostumbrado a la indefensión.
Los ojos febriles e inexpresivos del anciano acudieron trabajosos a su encuentro (¿realmente lo estaba mirando?), y Cordelio creyó percibir en él la sospecha de un desenlace. Ese solo gesto le bastó para recobrar su impronta glacial, tan necesaria para despachar el asunto que le habían confiado.
‘¿A quién hiciste enojar cuando tenías una vida?’, le susurró en el oído. Pero sus palabras flotaron sin rumbo y se disolvieron en un instante.
Hundido en un terroso sillón de cuero, el anciano vagaba en el corazón de una nebulosa íntima, distante y hermética. Una negrura de imposible profanación. Desnudo de la cintura hacia arriba, con el mentón sumido en el pecho, los párpados a medio caer y un mechón de cabello gris atrapado en la humedad de la frente, revelaba la indiferencia de un formidable oponente.
Cordelio cedió ante una nueva vacilación. Echó la cabeza hacia atrás y permaneció algunos minutos en el más absoluto silencio, bañado por la amarillenta claridad de la bombilla suspendida en el techo, urdiendo el detalle de una ejecución o una fuga.
El hecho frío de la muerte. La respuesta brotó de su estómago hirviente casi al mismo tiempo en que lo hizo la pregunta que le dio vida. Esa era, después de todo, la justificación última de su oficio. Lo mismo un perro que un abogado. Igual una monja bañada en orín que un viejo vacío de cerebro. La pretensión del gozo solo podía ser definida como una deformación profesional.
Entonces tapó el rostro inexpugnable del anciano con un almohadón, y sobre él posó el caño de su revólver.
‘El asesino no vaciló’, leyó en un matutino al tiempo que bebía el primer sorbo de café en el bar del gallego. Y se sintió sucio.
FIN


11 comentarios:
Excelente, como siempre.
Cordelio debe dejar su profesión si empieza a tener esos sentimientos.
Vamos con el libro, po! No se me achique que ya tiene unos cuantos buenos cuentos.
Abrazo gigante
el asesino si vaciló, solo que jamás lo va a confesar, se acabarían sus días de sicario y seguro tendría que buscar laburo en otro sitio
muy bueno tanto como esperado
besos
Muy bueno, Yoni.
Cordelio se está ablandando, sin dudas. Quizá deberia ir pensando en retirarse y ponerse una florería.
Lo fácil del laburo le mezquina la adrenalina necesaria para hacerlo con saña...
Es como una anticipación, él sabe que sus días pueden terminar exactamente igual...
Muy bueno Bigud, muy bueno...
Buenìsimo! Ahora la muerte lo perseguirá con màs consistencia, mas de cerquita, hasta cuando quiera esconderse bajo la almohada.
Todos debemos saber retirarnos a tiempo, darle lugar a la sangre fresca o màs inconciente, a los que aùn creen que pueden llevarse el mundo por delante sin ningùn costo.
Abrazo!
Está lleno de Cordelios este mundo pero matan de a poco, un poco cada día. Y muchos no sienten culpa!
Besos
Leyendo me sentí Cordelio. Y también me sentí sucio, por primera vez.
Brillante, Yoni.
Un abrazo.
Señor Caurgo: Un día será. Muchas gracias a usté.
laura: Sí, las dudas en el laburo no son buenas.
Muchas gracias a usté.
Señor Viejex: Muchas gracias a usté.
Nefertiti: Yo que Cordelio no largaría el laburo y pondría una florería. Son negocios altamente compatibles.
La Novia: Cada cual necesita sus propios estímulos, cada persona es un mundo.
Muchas gracias a usté.
Magah: Supongo que la gente necesita un proceso interno para largar la actividad. A veces dura más, a veces menos. Los jóvenes pueden esperar, les sobra tiempo.
Muchas gracias a usté.
LadyMarian: O sienten una culpa en cuotas, que siempre se lleva mejor que al contado.
Epístola: Baje ese revólver.
Muchas gracias a usté.
Un saludo.
Uhhh amigo Bigud, me acordé de Narrador y le iba a preguntar cuando subia algo. Me habia comido esta entrada.
Ud. es un excelente narrador, sin dudas. Lo felicito. Abrazo.
Estuve leyendo algunos relatos y de verdad lamento que no actualices el blog desde mayo, son muy buenos.
Volveré
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