La redacción es más bien mala. De hecho es para que me azoten en la Plaza Mayor hasta que pierda el conocimiento, pero aun así me niego a cambiar una sola coma. La idea era buena, y sin embargo la ejecución fue la de un individuo que dibuja sus primeros palotes. Y es que eso hacía exactamente.
En cualquier caso prometo continuar en esta línea para mantener vivo este espacio. Revelar todo el material que no tenía ese destino en épocas más productivas.

La decoración del salón comedor era apenas una muestra del inmenso poderío de la Corona. El Centenario era el mayor evento jamás organizado, y los sirvientes reales no habían descuidado el más mínimo detalle. Aquel palacio era, por lo general, la imagen misma de la prosperidad, pero eso no parecía suficiente para la ocasión. La intención del soberano era exhibir esa opulencia sin pudores, y grabarla a fuego en la memoria de todos sus invitados.
La mesa tenía quince metros de largo, y estaba íntegramente cubierta por un mantel de origen persa bordado a mano. En cambio, la vajilla era un diseño exclusivo de la Casa Real, y cada pieza tenía el sello distintivo. Sin embargo no había sillas, ya que el evento principal consistía en una degustación de vinos y quesos famosos en toda Europa, y la intención era facilitar la circulación de los comensales.
El Duque tomó ubicación en el centro, donde las copas de cristal habían sido agrupadas de acuerdo al tipo de vino que se deseara escoger. Las más grandes, estrechas en la parte superior para permitir el despliegue de los aromas, y con un largo pie para poder ser alzadas sin tocar el cáliz, eran las de vino tinto. Las de blanco, idénticas en cuanto a la forma pero algo más pequeñas para conservar la temperatura, estaban a la izquierda. Y por fin, las más alargadas –doce en total- estaban reservadas para los vinos espumantes.
Tomó una del primer grupo e inició su recorrida para que los demás Nobles no agotaran los mejores platos. El ala sur de la mesa estaba dominada por una combinación de quesos franceses y vinos españoles custodiados por un paisaje de Velázquez.
Se sirvió un Rioja que nadie había probado aún, y a pesar de que sabía que era preferible comenzar con los quesos menos gustosos, su fascinación por el Brie lo impulsó a desafiar la teoría. Descartó uno demasiado blanco (su falta de maduración no requería el veredicto del paladar) y se detuvo en uno muy blando y amarillo al que escrutó delicadamente en busca del olor a amoníaco característico en los quesos que se han pasado de punto. Al comprobar que todo estaba en orden, devoró algunos trozos intercalando pequeños sorbos de vino, y continuó con su marcha.
Probó el Cantal solo para entablar un diálogo con la Condesa de Gammour. Le explicó que el mismo procedía de la región de Auvernia, y que sin duda era el queso más antiguo del mundo; pero al notar el desinterés de la dama –hermosa aunque vulgar- decidió alejarse.
Siguió con un Bleu de Bassignac y otro de Sassenage, para los cuales cambió el vino por uno de la Ribera del Duero. Y antes de abandonar el sector engulló dos trozos del Camembert más oloroso que halló. Estaba tan conmovido por los sabores, que deseaba estrechar al Rey en un abrazo eterno.
En el ala norte, justo bajo el Da Vinci, se habían instalado los nobles más importantes, pero también los más tediosos. La combinación de vinos y quesos era opuesta a la anterior, pero la ubicación de estos señores se debía más al azar que a la preferencia. Ninguno era muy versado en las cuestiones de la gastronomía.
Luego de una imperceptible reverencia, atacó un manchego de Albacete macerado en oliva. Su sabor era fuerte, ácido y muy picante; de lo mejor que había probado. Por lo tanto lo acompañó con algo acorde a sus merecimientos: un Bordeaux de veinte años que para su suerte se hallaba en el punto justo. Ya no podía pedirle nada más a la noche. Mezcló un fresco de Burgos elaborado con leche de oveja desnatada con un vino blanco de Chablis, y cerró el sector con dos o tres copas de champagne que ya era incapaz de apreciar con la debida precisión.
Decidido a rematar la noche con aquel Rioja que había probado al inaugurar la jornada, se deleitó con el Emmental suizo – un disco de cien kilogramos dispuesto en una mesa aparte-, el Gorgonzola de Milán, el Provolone napolitano, un Gouda de Rótterdam y un Leiden con granos de anís que había sido devastado por el grueso Conde de Lumiere.
Luego de dos horas de excesos, ya no quedaba una sola gota de energía en su cuerpo.
Tendido en el suelo con la mirada borrosa, la nariz aleteante y el pecho jadeando para detener el vómito, alcanzó escuchar las risas y los gemidos de algunos invitados que ya disfrutaban placeres de otra índole.
¡LA ORGÍA! ¡SE ME OLVIDÓ LA ORGÍA!
Intentó incorporarse, pero ya era tarde para esa clase de proezas. Apenas fue capaz de girar la cabeza; y todo para observar entre sombras como la Condesa de Gammour, con el mismo entusiasmo que él había aplicado sobre los quesos, se abalanzaba desnuda sobre todo aquel que se moviera cerca de ella.
Mientras el Rey y el Conde de Lumiere compartían en armonía el plato principal que él había deseado para sí, el sueño comenzó a vencerlo.
Se quedó dormido a un costado. Manso. Indefenso. Temeroso de que alguien reparara en su presencia cuando la fiesta alcanzara el máximo de degradación.
FIN


11 lectores indignados:
La idea era más que buena. Y lo mismo con las descripciones de olores y sabores de los quesos y también la información de la procedencia y otros demases...
No creo que nadie se atreva a emitir un juicio tal como el que Usted se autovaticinó, ni Usted ni el texto se lo merecen.
También se podría agregar algo sobre la condición humana, los excesos y los vicios pero no es el momento.
Abrazos!!
Los extremos, los excesos que tanto deseamos, al final suelen dejarnos a mitad de camino.
Sin duda la cuestión pasa por el límite y no al "no hacer" todo por el contrario , para mi vale hacer todo lo que uno quiera con el límite adecuado para no irnos para el otro lado, caer al abismo y perder y perdernos.
Buen cuento
Genial intento y además me dio mucho hambre de comer algo rico y porque no una adecuada orgía.
Abrazo.
Don Yoni, no leí el cuento, apenas la introducción, porque ene sta oficina, ya se sabe. Voy a leerlo cuando llegue a casa esta tarde.
Pregunta: ¿Cuando dice por este año... se refiere al 2011? Bueno, no queda mucho por suerte.
Le dejo un abrazo.
qué personaje este Duque, mire, si le dio con todo a los vinos y quesos fue porque esa fue su elección, que no se haga el que se olvidó de la orgía porq no es así.
por eso Don, un límite siempre aceptable son dos copas, que eso era una degustacion de vinos? ah, no sé pero mire como terminó, temeroso de que lo vieran ahi tirado y ni quiero pensar cómo terminó
y no de tantas explicaciones que nadie se las cree, mande nomás historias viejas que seguro valen la pena
mi saludito, ya sabe
Las mejores orgías se disfrutan con el estómago vacío. Los mejores vinos y quesos.....a solas. El duque.....no tiene las cosas claras.
Siga desempolvando.....y no se autolimite.
Abrazo!
No está nada mal después de todo, es una muy buena idea y con apenas un par de retoquecitos quedaría un muy buen relato...
Antes de la orgía ensaladita y agua mineral (sin gas, plis), después... todo lo que quiera que hay que reponer energía...
Lo leeré el año próximo entonces... yo todavía no cierro...
Besos
Etienne: Siempre es momento para hablar de los vicios. O ejercerlos.
Muchas gracias a usté.
Comentario suprimido: Oh.
Magah: El problema con los límites es que solo se dejan ver cuando uno ya los pasó. Le deseo una buena cena, y una mejor orgía. Muchas gracias a usté.
Calavera: Vaya nomás.
A 2011, sí. El año se cerró. Muchas gracias a usté.
laura: El problema es que solo con dos copas no se le hace frente a semejante evento. Tiene que haber un equilibrio más permisivo.
Muchas gracias a usté.
Señor Dany: Usté sabrá. No voy a contradecirlo, ya que jamás estuve en una.
Muchas gracias a usté.
La Novia: No me convence la ensaladita. Como siempre digo, no como nada que no tenga madre. Solo acepto moderarme un poco (en la cena, no la orgía).
Muchas gracias a usté.
Un saludo.
Ah, muy bien, entré como un gil peor que el Duque.
Mientras el duque venía manyando y escabiando pensaba que a lo mejor se había excedido un poco en la información de quesos y vinos, y que ese exceso me entorpecía el hilo de la historia, pero no me di cuenta de la cama que estaba armando: soberbia, caí en la orgía con la misma sorpresa del Duque.
Yoni, lo felicito una vez más, su manejo es impecable y muy divertido; me vinieron a preguntar el por qué de la risotada...
Un abrazo.
Es muy bueno. Aunque ud diga que es de sus comienzos!
En cuanto a la historia en si, me descostillé de risa con "Se me olvidó la orgía"
Saludos!
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