Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

jueves, 16 de julio de 2009

EL MÉDICO, LA PANTERA Y EL LOCO



El hombre del guardapolvo blanco lanzó una mirada escrutadora sobre el interno, y se sentó en la única silla vacía que había en la sala. Sin embargo, no se detuvo en presentaciones inútiles.

- ¿Así que vos sos el que no quiere hablar?- preguntó mientras examinaba una carpeta repleta de hojas sueltas-. No importa, eso no te convierte en loco.

Sin aguardar la respuesta, extrajo una banana del maletín y la devoró con los modales de un auténtico cerdo, tragando secciones completas casi sin masticar y empujando los restos con un dedo meñique muy bien entrenado. Luego decoró el acto con un eructo de mediana intensidad y pasó la siguiente media hora silbando la melodía de la pantera rosa.

Los dos hombres persistieron en su actitud haciendo caso omiso uno del otro, aunque no parecía existir entre ellos el clima de tensión que la escena demandaba. La música –por cierto muy mal ejecutada- logró instalar una mueca de placer en el rostro del interno, y entonces el médico comenzó a utilizar su lápiz negro a modo de baqueta, con el objeto de enriquecer el número.

Poco después improvisó un silencio durante el cual aprovechó para extraer del maletín un nuevo elemento destinado a seducir el agrio temperamento de su víctima. Era un retrato de una dama pintado con témpera sobre una cartulina blanca.

- ¿Le gusta?- indagó con fingido desinterés-. Claro que le gusta; es una obra mía.

El otro echó una ojeada recelosa, a larga distancia, y al cabo de unos segundos asintió con más cara de aceptar la última oferta en una transacción comercial que de estar expresando un gusto artístico. Sin embargo, el médico suspiró como si alguien le hubiera quitado un peso mortal del centro su pecho; como si un juez misterioso e inflexible lo hubiera absuelto de un delito macabro.

De pronto la débil interacción de los personajes se vio suspendida por la irrupción de un segundo médico, acompañado por dos enfermeros morenos de un tamaño colosal.

El artista se puso de pie.

- Doctor Molina- expuso plegando sus anteojos-, según mi opinión profesional las neuronas de este paciente se encuentran sumidas en una calma expectante.

Y se quedó inmóvil, visiblemente conmovido por la hondura de su conclusión.

El diagnóstico fue recibido con un gesto de desaprobación conjunto de los tres individuos.

- Gutiérrez, ya mismo le devolvés el guardapolvo y la tarjeta a Perotti y te me vas volando a tu habitación- sentenció enfurecido el colegiado, aunque sin alzar el tono de voz-. Te quedaste sin bananas hasta la semana que viene. Calma expectante… ¿sos tonto vos? ¿por qué crees que lo tenemos encerrado a este? ¿No te das cuenta de que es peligroso?

Gutiérrez ensayó un recurso humorístico, pero su risita no halló ningún eco en el grupo. Entonces se escabulló hacia el corredor con una mano en el bolsillo y la otra agitando una batuta invisible, mientras a su espalda alguien silbaba una melodía felina.


FIN

9 comentarios:

PKD dijo...

Querido yoni
Esta narración se acerca peligrosamente a una crónica.
Tal vez los rasgos estén un poco exagerados, como en una caricatura, pero el clima general suele ser muy acertado.
¿cual es el límite?
¿el guardapolvo?
Besos

Mona Loca dijo...

Jejeje!
Los que hemos estado en el ámbito psi( quiátrico) reconocemos un gran realismo en esta escena...

Coincido con Berenice ( qué raro).


besos

Calavera dijo...

La verdad es que no se explicarle, querido Yoni, por qué nunca vine aquí antes.
Pero, en fin, me alegro de haber venido.

¿Cual es mi silla?

Julieta dijo...

Me sentí como si estuviese en el neuropsiquiátrico ,pero de visita ,eh !! muy bueno..
Cala ,te encuentro en todas partes,ojo que no te estoy siquiendo ..jaja

laura dijo...

curiosamente me pasa lo mismo que a calavera, digo así porque entro muchas veces a tu otro blog y recien hoy vi el link

leyendo esta narración me preguntaba cuántas veces estamos en el lugar del loco creyendo todo lo que nos dice la pantera..

mi siguiente paso será leer tus narraciones anteriores, te dejo un beso

Duquesa de Katmandu dijo...

jajaaaa, excelente.
Hay varios así "entre nosotros" que no son "gente como uno".

beso,

Anónimo dijo...

Yo quisiera que mis neuronas estén sumidas en una calma.

Beso!

Lascivia dijo...

Excelente. Siempre un placer deleitarme con tus escritos.
Aplaudo tu imaginación y la envidio.

Yoni Bigud dijo...

Berenice: Ciertamente no lo es. El guardapolvo es un accesorio. Muchas gracias.

Mona: Usté es palabra autorizada. Muchas gracias.

Calavera: Me alegra sobremanera tenerlo por aquí. Siéntese donde le plazca.

Julieta: Muchas gracias. Estar de visita siempre es un alivio.

Laura: Bienvenida aquí también. Somos gente crédula, sin duda. Lea tranquila.

Duquesa: Muchas gracias. Coincido con usté.

María: Yo también. Gracias por pasar.

Lascivia: Muchas gracias. Yo también la aplaudo a usté.

Un saludo.