
BREVES RELATOS DE PECADORES (III)
SANTIFICARÁS LAS FIESTAS
Un amigo de esos que la vida luego nos quita por haber sido esa intimidad un pobre producto de la coyuntura me confió una noche –no sé por qué motivo- el secreto de Don Enzo Gerarduzzi, un italiano que tenía un taller mecánico en el corazón de Parque Patricios, cerca de la vieja cárcel de la avenida Caseros.
Este inmigrante con pocas luces y una historia de mucho sacrificio halló en el país una existencia a su medida: insulsa y monótona, aunque adornada por dos o tres episodios tórridos y misteriosos. Uno de estos episodios, que luego se convirtió en su secreto peor guardado, es el que intentaré relatar a continuación, siempre que mi memoria no acabe jugándome una mala pasada.
Juraba una anciana que vivía desde niña en la calle Matheu, que Gerarduzzi había asesinado a un turco en medio de una áspera discusión a causa de un presupuesto. Siempre según aquella mujer, el hecho había tenido lugar un domingo por la madrugada en el taller del italiano, quien aterrado por el resultado de la disputa, guardó el cadáver en el baúl de su auto y se marchó con rumbo desconocido.
De tanto repetir el cuento en cada comercio de la zona, la anciana edificó un mito que llegó a gozar de cierto crédito entre los vecinos. Sin embargo Gerarduzzi, que conocía la existencia del rumor, jamás se preocupó por desmentirlo. Y así las cosas, el mito continuó su camino hasta convertirse en una auténtica leyenda barrial.
“Esa desgracia le ocurrió por no santificar el día del Señor como nos enseña la Biblia”, decía por lo general la señora, víctima de una monumental confusión entre el antiguo testamento y el nuevo, e incluso en lo referido al día o los días a santificar. Es cierto que Gerarduzzi nunca cerraba las puertas de su negocio, y que tenía empleado a un inmigrante rumano al que había reducido a una condición muy similar a la esclavitud, pero en última instancia, ese no parecía ser su pecado más grave.
Si mi gusto por la fábula no me está traicionando, creo que la policía llegó a interrogar a Gerarduzzi en alguna oportunidad. Aunque no podría jurarlo. Existen detalles del relato que los años transcurridos se han encargado de borronear, y otros que seguramente habrán sido incluidos sin la debida confirmación.
Sí recuerdo que el pobre italiano perdió algunos clientes que luego recuperó, y que la anciana falleció dos años más tarde, siempre firme en sus dichos.
FIN


11 comentarios:
Don Yoni:
Como siempre sus relatos son impecables.
Creo que cada barrio tiene su propia leyenda urbana..
En el barrio donde yo nací, a pocas cuadras de la nueva cancha de Platense, se decía que una buena señora(que vivía en la casa que lindaba con la mía), había pasado a mejor vida a su marido(un tipo ordinario, borracho y golpeador), haciendo creer que se había quemado en su propio colchón por dormirse borracho y con un cigarrillo entre los dedos..
Nunca se comprobó la verdad, pero creo que había tantas denuncias en contra de éste sujeto entre las cuales estaba la tremenda golpiza que le había propinado tanto a su mujer como a su hijo(de no más de 8 años), que si hubo pruebas incriminatorias en contra de la mujer, las dejaron pasar..
En aquella época las leyes no protegían a las mujeres en esos casos..
Ésto fue hace 38 años..
Un besote!! :D
emmmmmmm...
se puede cantar pri acá?.. :P
Dicen que si nunca hablaramos de algo, sería como si no hubiera existido...
Larga vida a las leyendas!
Saludos Yoni!
Yo voy a echar a correr un rumor similar.
Me parece una buena técnica para que no me anden pichuleando los presupuestos.
Y es más...algo del estilo de "presupuesto pedido, presupuesto aceptado".
Lo voy a hablar bien con mi asesor de márquetin.
Che, ese turco que mató el tano... ¿no será...? No, mejor deje.
Me gustó mucho el relato, pero me quedé pensando en cómo hizo Gerarduzzi para recuperar los dientes...
¡un abrazo!
Excelente relato ,es una de esas leyendas urbanas a las que cada uno le va agregando algo y que después jamás se sabe si es verdadera o no ...Beso
coincido algo con las chicas, en todos los barrios existe una leyenda que se conoce siempre por el boca a boca.
cómo saber si la última vez que lo escuchamos era tal cual lo contaron por primera vez...no creo que haya forma y sí creo que precisamente por eso la leyenda sigue y seguirá viva.
en cuanto a Gerarduzzi, hizo bien en no desmentir total nadie le iba a creer sino todo lo contrario
y esa señora jamás habría aprendido a distinguir entre ambos testamentos, no le interesaba hacerlo porque le quitaba fundamento a la historia que tanto le gustaba repetir
Bien Yoni, me encanta cómo escribis, te dejo beso
Desmentir fantasías ajenas, es una tarea inútil.
De todos modos, en cualquier rincón del planta existen los personajes que se transforman en la leyenda barrial.
Excelente su texto, sepaló!
Saludazos!
Y el fiambre en el baúl? Ni siquiera despidió olor? Todo un misterio...Por eso Garanduzzi se pudo hacer el distraído, si no...
Un beso.
Pobre turco, se ve que no tenía ni familiares ni amigos que lo echaran de menos!!!
Me ha encantado ver hasta los mínimos detalles al leer su relato. Me fascina cuando me sucede esto.
Saluditos.
Fabiana: La justicia tiene mecanismos curiosos. Muchas gracias.
Fabiana: Sí, es una democracia.
Marga: Larga vida. Muchas gracias.
Mona: Con el dinero ajeno no se juega. Eso es para que aprendan, así que dígaselo a su asesor.
Calavera: Hay muchas formas. Muchas gracias.
Julieta: Yo creo que tampoco es importante la verdad en estos casos. Pero ese soy yo. Muchas gracias.
Laura: Cierto, hizo bien en no desmentir. Es como si cada personaje hubiera desempeñado su papel casi mecánicamente.
Muchas gracias.
Candorosa: Las fantasías son las verdades más sólidas. Muchas gracias.
María: Si no le da el sol...
Muchas gracias.
Marina: Yo quiero tener un millón de amigos, como RC.
Muchas gracias.
Un saludo.
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