Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

sábado 6 de marzo de 2010

LO QUE OYÓ PIERSIMONE



Cuando Piersimone oyó aquellas palabras, extrajo su revólver y le pegó un tiro en pleno rostro. Nadie iba a faltarle el respeto sin pagar el precio, y mucho menos un extranjero de alma ajena al Cristo. Luego colocó un pie a cada lado del cuerpo, y como el incauto aún se retorcía intentando encajar su mandíbula destrozada, le descargó las cinco balas que aguardaban en el tambor.

Cuando recobró la compostura (haber matado por primera vez no lo asustaba) buscó una bolsa plástica y comenzó a recoger los pedacitos de seso esparcidos por toda la habitación. Completar esa innoble tarea le demandó algo más de media hora, tiempo durante el cual no dejó de insultarse por no haber apuntado el arma hacia cualquier otro órgano vital. Para colmo de males, todavía restaba la etapa más difícil, aunque al final decidió postergarla a favor de una ducha. Lo cierto era que el desgraciado no iría a ninguna parte.

Ya aseado y con la mente libre de pasión y bravura, cargó el cadáver sobre sus hombros y lo llevó al sótano. Allí tenía su taller, y podría trabajar toda la noche sin ninguna clase de interrupciones.

Mientras bajaba cayó en la cuenta de que pronto se vería obligado a tomar otra ducha. Por estúpido que pareciera, no había reparado en el detalle de la sangre. Como pudo despejó la mesada que solía utilizar en los trabajos de carpintería, depositó el cadáver boca abajo y lo desnudó. Tampoco había reparado –y ya eran dos descuidos- en la resistencia que presentaba un cuerpo muerto cuando alguien pretendía despojarlo de su ropa. Entonces pensó en varias mujeres que habían pasado por su vida. “Muertas me habrían dado más problemas”, ironizó mientras revolvía las herramientas en busca del serrucho.

Contó doce piezas. Trece con la bolsa que contenía los despojos del cráneo. Pero antes de acomodarlas dentro del arcón que su ex esposa había cedido cuando se fue de la casa, no pudo reprimir la tentación de juguetear un poco con el antebrazo izquierdo de la víctima. Lo utilizó para acariciar la espalda de Carmelo, que en ese momento estaba ocupado en deglutir las primeras vísceras; y luego lo interpuso entre su hocico y la comida para observar su reacción.

El bicho mordió la mano aventurera y sacudió la cabeza como un demente, hasta que por fin se patinó con la sangre regada en el piso. Recién entonces soltó a la presa, y Piersimone la arrojó de nuevo a la bolsa plástica.

A la mañana siguiente, luego de borrar cuidadosamente los últimos rastros del desastre, trasladó el arcón hasta el puerto y se embarcó en una expedición de pesca.

Antes de arrojar los trozos al océano, comprobó que las corvinas abundan cuando se utilizan dedos de pies como carnada. Pescó diez, y regresó a su hogar justo para la cena.

“Tal vez se me fue un poco la mano”, pensó mientras se metía en la cama. Pero antes de profundizar en esa idea se quedó dormido.



FIN

19 lectores indignados:

laura dijo...

excelente, de verdad me encantó la forma de narrar y la historia en sí, que como la gran mayoría de sus historias pasan a segundo plano dejándole el primer lugar a sus descripciones

el único detalle es que estaba desayunando mientras lo leía, ajjjj!!

saludito Don

El Gaucho Santillán dijo...

Este Piersimone!! siempre serruchando gente.

Muy buen relato!!

(No era defensor de San Lorenzo?)

Saludos

Carugo dijo...

Estimado Yoni:
A veces me parece muy difícil comentar en este blog.
Desde qué punto se puede abordar lo que usted hace sin caer en el elogio repetitivo?
Tal vez, lo que a mí más me guste de sus historias es que son apenas un pasaje de la vida de un personaje, como si por casualidad nos pudiéramos meter unas horas en su casa sin saber cuáles fueron las circunstancias que lo llevaronn a actuar de esa forma y cuales serán las consecuencias de sus actos.
Nunca podremos conocer nada de él salvo lo que hemos podido apreciar en ese rato fuera de contexto en el que fuimos espectadores.
Usted inteligentemente nos ofrece un banquete pero al morder el primer canapé nos invita amablemente a retiranos del lugar.
Le mando un fuerte abrazo cargado de mi más profunda admiración.

miralunas dijo...

ey, Yoni! usté es un capo, diga.

y como el señor Carugo dijo lo que pienso y no sé decir,escribo ruidosamente: sísísí, el señor Carugo tiene toda la razón!!!

mis respetos, vea.

Mona Loca dijo...

Bueno, finalmente el tal (ahora) cadáver se lo merecía, según parece.

Evidentemente no era la primera vez que lo insultaba. No sé por qué intuyo que Piersimone ya venía pensando en hacerle pagar las culpas a este señor.

Mención especial para la escena donde juega con el perro y el brazo del señor en cuestión.

besicos

burbujabruja dijo...

muy bueno, inundado de imagenes.me encanto.

Julieta dijo...

Muy buen escrito y las situaciones son espeluznantes..Una lástima que hubiera terminado de cenar ,la cena se me quedó atragantada ,pero valió la pena.Me gustan ese tipo de historias ,tendré alma de asesina como Piersimone ?
Cariños

Duquesa de Katmandu dijo...

Muy bueno, como siempre. Lo felicito. Los detalles corvinescos y Carmelescos son exquisitos.

beso,

La candorosa dijo...

Podríamos decir que a Piersimone no le gustaba que le faltaran el respeto!!
Por lo visto, este "cristiano" no era amigo de andar cargando con culpas, pues de lo contrario, no hubiera tenido la carnada ideal para las corvinas!!


Señor: adhiero a las palabras -todas- dichas por Carugo, pues usté nos obliga a caer en elogios, indefectiblemente!!

Saludazos!

Any dijo...

Aaaaarrrffff! Y eso que era la primera vez, como será cuando lo tome como un hobby.
Me encantó el detallito de pescar corvinas con los dedos del pie, escribo esto y me da asi como un escalofrío.
Su imaginación y destreza con la pluma (ah si, lo imagino escribiendo con una pluma a la luz de una vela jajajja) siempre me sorprenden.
un abrazo doble

Belugar dijo...

Clap clap clap clap...Aplaudan señores!!! Excelente!!!

dondelohabredejado dijo...

No sé si me dejó más intrigada lo que oyó, o la razón por la que usted decidió que las bolsas con los restos fueran trece!
Excelente relato, como siempre.
Un abracito.

Jazmin dijo...

Ay, ay, ay, mister... Si un día se le ocurriera cobrar por el placer que proporciona leerlo, pago sin chistar.
Y a fuerza de no querer ser repetitiva en elogios, sin embargo lo seré coincidiendo con Carugo, que tan magníficamente expresó lo que pienso.
No... si entre los dos se puede hacer una un banquete.
Y su cuento me tocó una fibra. Si me lo presta para dedicarlo sólo con la intención, me gustaría homenajear a mi querido Dexter.
Mis más respetuosos saludos.

Lascivia dijo...

Morboso y bizarro hasta el cansancio, un texto excelente!!!!
Siempre un placer leerte.

fea dijo...

Si de cadáveres se trata, yo la se lunga. Pero usted me está empezando a dar miedo, sépalo.

Laura dijo...

Muy buena narración,la verdad lo felicito. La historia de por sí es muy original y la manera de describir realmente es de lujo. Un saludo

Yoni Bigud dijo...

laura: Muchas gracias a usté. Perdón.

Gaucho: Era un delantero. Muchas gracias.

Carugo: Muchas gracias a usté. Su generosidad no tiene par.

miralunas: Muchas gracias a usté.

Mona: Muchas gracias.

burbujabruja: Bienvenida. Gracias.

Julieta: No sé... ¿le gusta serruchar brazos?
Muchas gracias a usté.

Duquesa: Muchas gracias.

Candorosa: Piersimone no carga culpas, eso es claro.
Muchas gracias a usté.

Any: Muchas gracias a usté.

Belugar: Muchas gracias a usté.

Marina: Buena observación. Me alegra que haya notado el detalle.

Jazmin: Muchas gracias a usté. Se lo presto. Claro que se lo presto.

Lascivia: Muchas gracias a usté.

fea: Hace bien. Muchas gracias a usté.

Laura: Muchas gracias a usté.


Un saludo.

Yoni Bigud dijo...

Y... 18.

lara dijo...

Juaaas! Me encantó este cuento, qué buen final!

Que bien contado que está, bah, todos los que leí hasta ahora.

Seguiré pasando por aquí, saludos!