
Ferguson percibió el estupor en los ojos de la señorita Peters, y adivinó los temblores debajo de aquel vestido de lino que tanto lo excitaba. Entonces la tomó de la mano e impostó una inflamación en el pecho, buscando sin disimulo la glorificación de su ser masculino.
“Sin duda es el viento del sur abatiéndose contra las persianas de la planta alta”, sentenció con un aplomo avalado únicamente por gestos ampulosos. Sin embargo la señorita Peters, recelosa de las conjeturas, no se mostró convencida.
A través de la ventana se filtró un difuso alarido proveniente del jardín en tinieblas. De pronto las rodillas de la señorita Peters ya no fueron capaces de sostener el resto de su cuerpo, y entonces tuvo que abrazar una de las columnas de mármol para mantener la vertical. Entretanto, Ferguson extravió la compostura.
Aturdida por los gemidos del pretendido héroe, la dama se vio obligada a dominar el tumulto en su espíritu con el fin de tomar control de una situación que demandaba acciones concretas.
Forzó la puerta trasera y se abrió camino en la espesura del jardín, sorteando las raíces entrelazadas y arrancando la vegetación de la entraña húmeda de la tierra.
Muy pronto faltó el aire puro entre las madreselvas. La señorita Peters y el suplicante Ferguson se supieron perdidos en el corazón de un bosque omnipresente, y presas del pánico como se hallaban, el verde los separó más que nunca.
Un segundo alarido delató una proximidad monstruosa. Los dos se lanzaron en una carrera sin rumbo, cada cual según el dictado de su propia angustia, sin hallarse del todo seguros de ser víctimas de una persecución.
Agotada por la tensión y el esfuerzo, la señorita Peters detuvo la huída y se dejó caer sobre el pasto, boca arriba. Luego perdió la noción del tiempo por un instante o por un milenio, y al abrir los ojos, estos se le inundaron con el celeste clarísimo del cielo. Una suave brisa refrescó sus mejillas transpiradas, y el sonido de una cascada cercana le reveló un paraíso impensado.
El tercer alarido se oyó lejano mientras la dama se bañaba en un río helado y cristalino. De inmediato percibió una nota familiar en aquella súplica febril. Era, sin duda, la voz entrecortada de Ferguson.
Entonces se apoderó de ella una súbita y genuina felicidad de la que no supo hallar fundamento. Y se elevó por sobre el bosque, el río y la cascada. Y ya no tuvo miedo.
FIN


19 comentarios:
El alarido era: ¡TEKELÌ - LÌ! TEKELÌ - LÌ!
Muy bueno, Ferguson era un cagueta, y se lo lastrò el mostro del pantano.
Divertido de leer.
saludos
Qué bueno Narrador, me gustó mucho!
Esos finales que te dejan así, así pensando, me encantan.
Don Yoni:
Eso le pasa a Ferguson por cobrade y cagón..
Y por pensar solo en ya sabe que..
:P
Besossss!!♥
ah bueno, sonó Ferguson!! qué mal lo de la señorita Peterson, está bien que era medio cagoncito pero no por eso ella tenia q sentirse así che
como siempre en este sitio, una se va con la sensación de haberse "llenado la panza". Muy bueno, Don
un besote!!
Para mí que la señorita Peters era cómplice de un ser monstruoso y hambriento!!! y claro ella era la carnada...
Que se embrome Ferguson, por baboso!! (además de ser muy cobarde, claro!!)
Saludazos!!
PD: sus relatos -de hace largo tiempo y los actuales- magníficos todos!!
Delicioso relato con ese toque especial que tiene su pluma.
No me gusta desearle el mal a nadie y menos a usted que aunque no lo conozco personalmente, me genera una enorme simpatía pero algo me dice que si usted hubiese sido Ferguson yo me hubiera convertido automáticamente en la señorita Peters, feliz porque ya no podría envidiarlo.
Cómo? No me va a decir que no conoce lo que dijo Freud:
Las mujeres envidían a los hombres por el complejo de castración y yo, intelectualmente, al lado suyo me siento un castrati (y encima sin una buena voz...)
Saludos
si yo digo que le envidio la pluma, además de robarle la idea al señor Carugo, va a venir Sigis a decirme: te lo dije!
asi que no le envidio la pluma.
lo que le envidio es la gracia!
buenaventura, Narrador
Hola!Interesante post, la imagen consterna.Muchas gracias por pasar por mi blog.Besos.
La Srta Peters estaba de acuerdo con el monstruo sin dudas; ella lo contrató para que le sacara de encima a Ferguson; el precio fué su propia vida, pero ella lo pagó gustosa, lo prueba su estado de felicidad al elevarse por sobre el bosque ...
Lindo relato
un saludo
Qué lindo este relato!! me ví convertida por un momento en la señorita Peters ,porque lográs que uno se meta en el personaje..
Cariños
Buenìsimo!
Muy valiente la señorita Peters!
Salir por la noche directo a un bosque , escuchando alaridos??
o salio para que el cuco se devore al acosador?
ahhhhh...
Pilla resultò la señorita!
Ingrata
:P
Lo mejor de su relato es que me atrapó y me dejó sonriente.
Un abracito.
Voy a volver a leer su texto, don Yoni, porque me parece que no entendí nada; los oportunos comentarios de acá arriba me hacen pensar en que me estoy perdiendo de algo.
Leo de nuevo y vuelvo.
Y si le cambia el título...
Podría ser: chillidos...
Si, si... está en todo su derecho de mandarme a la mierda!!!
Bueno, me quedo acá también.
Me gustó mucho, fuí leyendo sin poder parar hasta llegar al final. Logrado, sin dudas!
Abrazo!
"Aprovechá gaviota, que no te verás en otra"
Srta. Peters...
Es muy bueno, la tranquilidad de la señorita me parece primordial.
Saludos.
Y... 18.
Gaucho: Eso, el mostro del pantano. No me salía :)
Gemma: Muchas gracias a usté.
Fabiana: ¿En qué? :)
Laura: Muchas gracias a usté.
Candorosa: La visión de la señorita Peters como cómplice me parece muy interesante.
Muchas gracias a usté.
Carugo: Es tremendo lo que me cuenta :)
En cualquier caso, le quedo enormemente agradecido, como es habitual. No merezco tanto.
miralunas: Me gusta pensar que tengo algo de gracia. Muchas gracias a usté.
Sofy M: Muchas gracias a usté. Me gusta su blog, aprovecho y le digo. Usted tiene varias cosas muy interesantes.
Any: La teoría de la conspiración, sí. Me parece interesante y, sobre todo, posible.
Julieta: Y yo imagino algo de la señorita Peters en usté. Muchas gracias.
Passion: En los ataques de valentía -al igual que en los de cobardía- uno actúa de forma bastante impredecible.
Marina: Me alegra que sonría. Muchas gracias.
Calavera: Mire, cualquier cosa que haya interpretado está bien. No hay un solo significado. Ni siquiera uno.
fea: No está mal.
Magah: Muchas gracias a usté.
María: Jua!
Mariela: Sobria la señorita. Elegante y decidida.
Un saludo.
No sé muy bien cómo llegué hasta aquí...supongo que atraida por los alaridos...
Me alegra de que para mí hayan sido de buena fortuna.
Me quedo por aquí y te sigo.
Besos,
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