
Donato era, en apariencia, un hombre sencillo que no tenía enemistad alguna con nadie, ni tampoco grandes proezas que narrar, pero lo cierto es que su alma poseía algunos detalles no muy visibles que lo convertían en un individuo de excepción. Él no vivía como los demás; jamás iniciaba una conversación, evitaba cualquier contacto físico por mínimo que fuera y demostraba una exagerada pulcritud en sus hábitos alimenticios, entre otras excentricidades. Se entretenía, en cambio, al atardecer, detrás de la ventana, observando las idas y vueltas de una vecina a la que había llegado a amar más por culpa de la proximidad física que por el hervor de la sangre. Pero nadie vaya a creer que hacía esto con placer o alegría. Al cumplir esa rutina sentía todo el peso de su soledad, y solo se conformaba con el hecho de saber que era ese, quizás, el único acto completamente libre que ejecutaba en el día.
Si algo tenía Donato de particular, era el modo de procesar los sentimientos. No es que careciera de ellos, o fuera incapaz de desarrollarlos como cualquier otro individuo; lo original, si se quiere lo novedoso, estaba en la elección del objeto. Él amaba y odiaba cosas en las que el resto del mundo ni siquiera reparaba, o situaciones cotidianas que a una mente en equilibrio no le merecían más que una simple sonrisa o una queja liviana. Odiaba, por ejemplo, la lluvia. Y lo hacía en forma literal. No era un odio dicho al pasar, como el de aquel que expresa su contrariedad frente a un par de zapatos húmedos o un traje maltratado. No. Él la detestaba con la misma virulencia que un niño detesta al asesino de su padre. Amaba y odiaba, en síntesis, con una intensidad normal aunque mal dirigida, desviada por completo de su esencia. Y precisamente por eso, aquella devoción por las curvas de la vecina lo descolocaba.
Una tarde de primavera se dio cuenta de que el amor verdadero se hallaba al alcance de su mano, a solo unos pocos pasos de distancia. Contempló las paredes desnudas, y aferrado a las rejas de la ventana decidió que era el momento de atacar la causa de su penar. Sin embargo, odiaba la calle, y ninguna de las razones que acudieron a su mente sirvió para vencer esa fobia. No pudo traspasar la puerta de su casa. Lo intentó varias veces, pero no hubo caso. Entonces, inmerso en un profundo abatimiento, ideó un plan para sanar la herida en su corazón sin sacudir las precarias estructuras de su mente.
Esa misma noche, después de gastar varias horas haciendo cálculos y observaciones, tomó una pala que guardaba en el jardín y comenzó a cavar un túnel en dirección al living comedor de su mujer ideal. La empresa –por cierto bastante ambiciosa- se le antojó posible, nublado como estaba por la intensidad de sus sentimientos. Y tanto había trabajado su mente fogoneada por la soledad, que llegó convencerse de que la idea sería celebrada con efusión ni bien la pala asomara en el lugar de destino.
Así fue como los obstáculos que halló en su camino solo lograron que ganara más confianza. Él no necesitaba la ayuda de nadie; o al menos era eso lo que pensaba.
Finalmente, en el transcurso de la cuarta noche el túnel colapsó, y Donato quedó atrapado bajo una montaña de escombros.
De no haber sido por el inmenso agujero rectangular que se formó en el pavimento, nadie se habría percatado nunca de su desgracia. Gracias a eso, vecinos y bomberos oyeron sus lamentos y trabajaron juntos hasta la madrugada para liberarlo.
Con el último hilo de vida, Donato buscó los ojos de su amada entre la multitud, y los halló justo antes de ser introducido en la ambulancia. Esa fue su única y última alegría.
Pudo haber explicado las causas del desastre; sin embargo nadie le preguntó nada, y él, fiel a su estilo, no quiso iniciar una conversación.
Solo se turbó con el esfuerzo de los paramédicos que luchaban por salvarle la vida. Era demasiado manoseo, y él, aún preso de la necesidad, seguía odiando la calle.
FIN


20 comentarios:
Mirà, en cierta forma, Donato era un capo.
Eso de odiar cosas inanimadas, tiene su explicaciòn. Las cosas inanimadas NOS ODIAN A NOSOTROS.
Si. No se dieron cuenta que hay banquitos, que, de noche, se mueven para que los llevemos por delante con el dedo chiquito del piè?
Donato sabìa algo que nosotros no.
(salvo hacer tùneles)
bien escrito.
saludos
Probablemente, todos tengamos algo de Donato.
Me he encontado tristemente en situaciones en las que por convencimiento propio, cerré mi boca a las explicaciones.
Cerré mi boca y también mi corazón.
Me pregunto si en algún lugar de esta tierra alguien puede percibir el tamaño de las cicatrices del alma...
Buen relato.
Como siempre.
Interesante.
Usted es muy buen observador.
Me imaginé a Donato convencido de que sería recibido cual caballero que viene al rescate cuando apareciera en el living de su amada, en lugar de un susto de muerte.
Cierta gente PIENSA así.
Y en realidad a veces UNO piensa así, sin poder ver otras ópticas.
Y después se nos cae el túnel en la cabeza.
beso.
Parte de tu talento como escritor está en meterte en la cabeza del personaje. Primero en construírlo, luego en meterte en su cabeza. Y en sus sentimientos. Y en su todo.
Excelente relato.
No me molestaría en absoluto que de vez en cuando nos des el regalo de otro texto viejito.
Un abrazo.
Realmente una historia muy buena ue hace honor al nombre de su blog. Está narrada de una forma que le permite a uno meterse en el túnel acompañando a Donato. Un cariño
no sé que onda pero me siento relativamente identificado con Donato
Intuyo que hay muchos "Donatos", con diferentes niveles de obsesiones y odios, pero solo para marcar la pequeña diferencia: la de no quedar atrapados en un túnel como el del relato!!
De todos modos, supongo, siempre hay muchas razones que impiden que se expresen los sentimientos hacia un objeto de amor, o al menos eso debe haber sentido Donato ¿verdad?
Lo suyo, como siempre ¡¡impecable y genial!! (sin importar las fechas de inspiración!!)
Abrazos!!
Los miedos te paralizan o te hace hacer estupideces.
... y Donato hizo una estupidez.
... lo dejo Yoni, porque tengo que seguir cavando.
Como Donato no inicio conversaciones, odio los truenos, no es que no me gusten simplemente, los odio. Y no ando haciendo túneles pero he hecho un par de cosas que podrían equipararse. Y ahora leyendo esto me preocupé ...
Su relato es conmovedor, me quedé triste.
abrazo
Sus cuentos no envejecen, Bigud. Bravo!
Pero qué cuento viejo ni ocho cuartos! Ud. no puede, mejor dicho, no debe privarnos del placer de leer un cuento como éste, tenga la fecha que tenga.
En pocas líneas, tanta intensidad, sin caer en repeticiones. Tantas imágenes creadas, sensaciones transmitidas.
En todo caso, Sr. Bigud, vaya mechando, pero no nos prive. No nos obligue a cavar...
Leer este cuento ha sido un enorme placer ,hasta estuve cavando con Donato en el túnel y no quedé atrapada porque me lo ví venir y salí..Como siempre excelente..
Cariños
A Algunos se nos caen los escombros encima cuando estamos próximos a alcanzar nuestro deseo.
Muy bueno Yoni!
Algo de Donato no me es ajeno, pero me alegra no ser totalmente como él. Es que la perfección no es para todos.
Saludos.
Un personaje bien pintado. Tierna historia :)
Donao es un fiel representante del agorafóbico; solo que, en este caso, pudo más su amor y se las rebuscó para llegar a él,; aunque el resultado haya sido nulo.
Un beso!
Donato era un incomprendido, ¿A quién no le gustaría que agujereasen su living y aparecieran con una declaración de amor? Uno siempre se queda en las cosas materiales, y no va más allá de lo que ve el ojo.
Muy buen relato Sr. Yoni :)
Yoni, sus viejos cuentos me encantan y los nuevos también.
o sea, téngame en la lista de sus admiradores mas conspicuos, dele.
Qué buen relato, Sr.Bigud!!!
Hay algunas frases y detalles excelentes, y también la forma en que "pinta" a su personaje... De verdad, me gustó mucho!!!
Besos!!!
Ro
Gaucho: Las cosas inanimadas no lo son tanto. Coincido.
Señor Carugo: Nadie puede percibir esas cicatrices. Me gusta pensar que pueden inferirse.
Mona: Cuanta razón. Dentro de la propia psiquis uno tiende a perder perspectiva.
Marina: Muchas gracias a usté.
Laura: Muchas gracias a usté.
Bichi: No está mal eh.
Candorosa: No siempre es posible mostrar los sentimientos de la forma convencional. Muchas gracias a usté.
fea: Siga nomás. Estaré atento para desenterrarla.
Any: Todos tenemos nuestros propios túneles en el ropero. ¿Era así el dicho?
Muchas gracias a usté.
Viejex: Muchas gracias a usté.
Jazmin: Muchas gracias a usté.
Julieta: Justo a tiempo. Muchas gracias a usté.
Magah: Algunos tenemos mala suerte. Muchas gracias a usté.
Mariela: No está mal tener algo de Donato.
Mariana: Muchas gracias a usté.
María: Muchas gracias a usté.
Samain: Y... es una demostración de amor bastante irrefutable.
miralunas: Muchas gracias a usté.
Ro: Muchas gracias a usté.
Un saludo.
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