
UN ARMA DE GRUESO CALIBRE (ÚLTIMA PARTE)
LA SENTENCIA
Una vez esparcido el rumor sobre aquella peculiar ventaja anatómica, comencé a circular por los pasillos del colegio precedido por mi reputación, hecho por el cual los murmullos, las felicitaciones y las sonrisitas pícaras estaban a la orden del día.
Muy pronto la revolución que se generó alrededor de mi persona me obligó a dividir el universo femenino en varias categorías, siempre de acuerdo con el nivel de interacción que se daba en la práctica. En la primera estaban aquellas cuya osadía las había impulsado a experimentar el desafío de meterse entre mis sábanas, logrando completar la faena con éxito. Les seguían las arrepentidas de último momento que solo se habían animado a satisfacer mis ansias con maniobras incompletas o proezas de tipo oral. Luego estaban las curiosas, que si bien habían tenido algún tipo de contacto, el mismo solo podía calificarse como tibio, lejano, limitado a la manipulación o ajeno a la desnudez. Y en el escalón más bajo se ubicaban las amigas de la fabulación, que no habiéndose atrevido siquiera a hablarme de lejos, se vanagloriaban de haber protagonizado sesiones inolvidables que bien podrían haber sonrojado las mejillas de la mismísima Camilita Pedroza. Dentro de esta última categoría incluso llegaron a verse, en el gimnasio y delante de decenas de testigos impávidos, escenas de pugilato entre una novia y una amante, ambas impostadas e igualmente decididas a sostener la fábula.
Hay de todo en la viña del Señor, decía hace años mi abuelita con su dulce acento andaluz. Y no le faltaba razón.
Entre las conquistas más destacables de aquella época viene a mi memoria Selene Andrada, una pudorosa quinceañera de tercer año que cantaba en el coro de la iglesia, y que a la postre se reveló como una amante desenfrenada, imaginativa y, por sobre todas las cosas, discreta. También recuerdo la ductilidad de Marina Garrido, la entrega de Fernanda Romo y la elegancia de Flavia Oliver; pero ninguna podrá acercarse jamás al sitio de privilegio que guardo para Claudia ‘la tetona’ Garibotti, aquella pragmática adolescente que logró destrabar el conflicto cuando mi pudor de infante y la intransigencia de sus amigas estuvieron a punto de echar por tierra el histórico acuerdo alcanzado en la habitación de mi hermana.
Egresada del colegio dos veranos atrás, y conmigo ya convertido en un hombre de experiencia a pesar de que recién estaba cursando el tercer año, la tetona comenzó a exhibir una conducta de la que jamás había dado la más mínima muestra. Fue como si hubiera aguardado, paciente y calculadora, que fueran otras las encargadas de pulir hasta el punto justo mis habilidades amatorias.
Favorecida por el hecho de ser la inseparable compañera de estudios de mi hermana (a pesar de que cursaban carreras distintas), no le resultó difícil preparar el terreno para el encuentro, que finalmente ocurrió en un hotel alojamiento ubicado a dos cuadras de mi casa paterna la noche en que, con un manejo de los tiempos digno de elogio, cerró los libros en el preciso instante en que yo me disponía a salir, rogándome que le hiciera compañía hasta que el colectivo llegara a la parada.
Brindó Claudia Garibotti, aquella noche, una demostración de talento de alcoba que hasta la fecha no he vuelto a disfrutar de parte de ninguna mujer. Y una sentencia. Porque los pequeños retazos de gloria que un individuo puede arañar a lo largo de su existencia, llegan siempre en compañía de una factura, un contrapeso destinado a impedir que la suela de los zapatos remonte un vuelo nada recomendable.
Recostada en la cama con el pelo revuelto, un cigarrillo colgando de sus labios húmedos y la luz violácea de la habitación dibujando caprichosos reflejos en la redondez de su cuerpo desnudo, la tetona permaneció más de quince minutos en el más absoluto de los silencios. Quizás exhausta por la batalla. Quizás ebria de tanta pasión. O talvez —solo talvez— gobernada por oscuras meditaciones, por la responsabilidad que siempre conlleva la elección de las palabras correctas.
Cuando por fin se decidió a hablar, emitió un veredicto brutal. Tan lapidario como poético. Tan descarnado como sentido. Las palabras resbalaban en su boca con una estética que yo jamás le había oído en presencia de mi hermana. Una profundidad oculta en algún sitio recóndito de su pecho, y que se me antojó reservada a través de los años solo para florecer en mi exclusiva presencia.
“Vos sos un instante. Un instante de cielo. En tu vida solo vas a conocer relaciones efímeras, aunque reales. Porque ninguna mujer se va a arriesgar jamás a convertirte en una costumbre. En un amor. A quedar expuesta a la posibilidad de tener que olvidar.
Vas a conocer mil verdades. Orgasmos genuinos. Deseos atroces. Perversiones que hoy están más allá de los límites de tu imaginación. Llantos sinceros. Sonrisas del alma. Miserias del cuerpo. Fantasías inconfesables. Palabras inventadas. Elogios sufridos. Gemidos espontáneos. Un inmenso arcón de conductas femeninas vedadas al resto de los mortales. Pero vas a ser siempre una anécdota. Una anécdota de color en la vida de una o mil mujeres.
La idea es que te acostumbres, que no te gane la frustración del amor negado, porque esa es tu condena. Es el precio a pagar por el don que se te dio.
Ninguna mujer que se precie se va a arriesgar si se le concede, como ahora se me concede a mí, un momento para la reflexión”.
Dicho esto apagó el cigarrillo, tomó el teléfono interno, dio precisas instrucciones para prolongar la estadía y luego se comportó de un modo tal que me dio la impresión de que su única voluntad era la de dejar refrendada con hechos la sentencia, para impedir que operara el olvido.
De más está decir que su vaticinio se cumplió al pie de la letra, y que a más de veinte años de aquel día mi vida se encuentra signada por una compleja mezcla de variedad y fugacidad. Atrás han quedado innumerables Camilas, Fernandas, Marinas y Flavias, todas ellas desvanecidas en mi memoria luego de su propio instante de reflexión, aunque siempre habiendo expresado, en forma voluntaria o inconciente, su verdadera naturaleza.
Y yo me conformo recordando la sentencia de Claudia Garibotti, la tetona, la única mujer que, a su modo, ha logrado ganarle al olvido. Y lo hago sabiendo que en el fondo es un trato no exento de justicia. Porque soy un instante. Un instante de cielo. Una anécdota de color en la vida de una o mil mujeres. Pero una muy grande. Enorme.
FIN


27 comentarios:
Clap clap clap :)
"...pulir hasta el punto justo mis habilidades amatorias..."
Cuando lo leí, pensé, niño, pequeño, para que esa opinión sobre vos mismo tenga entidad, vas a tener que pasar los 40, y ahí vemos.
Pero la Claudia, una gigante a sus escasos años.
Aplaudir, de pie, es poco.
Hay tantas frases sobresalientes, tejidas de manera tan magnífica, que usté, su pluma, ya pasa de vicio a pecado capital.
Fantástico final! No me imaginaba como lo iba a cerrar y me encantó! FELICITACIONES! Aplausos de pie.
Y de paso, todos los hombres se quedan contentos con el tamaño que les tocó, no? No todo lo que brilla es oro. ;-P
Muy bueno !! imprevisible final que nos deja una triste moraleja..Pensamos que alguien con esas "cualidades" conseguiría rápidamente el amor, pero no..
Saludos
lo felicito Narrador, el manejo de los personajes y de la historia es impecable, Usted sabe rebien que esta historia era como caminar el borde de la cornisa y sinceramente lo felicito porque concentró toda nuestra atención en la tal Garibotti dandole a esta narración SU toque tan especial
un verdadero placer leerlo señor
un beso grande
Lo verdaderamente grande acá es la historia y su narrativa. Impecable relato Señor Bigud, muchos aplausos
Sentencia lapidaria, sí.
Interesante vuelta que le supo dar a un relato especial por lo desacostumbrado. Y sin embargo, en este cierre, lo reconozco fácilmente.
En este cierre, quizás más que en todo el resto del relato, se descubre como un "Auténtico Yoni", si entiende lo que quiero decir.
Espero que sí.
besos
Buen remate.
Muy reflexivo, ademàs.
Un abrazo.
Me quedé pensando en lo que dijo Julieta sobre que con esas cualidades parecería más fácil encontrar el amor.
Y reflexionando un poco, me surge que -paradójicamente- quien posee más cualidades (no ESAS, en gral.digo) más inconvenientes tiene para encontrar el amor. The true love.
Sería deseable entonces tener el grado justo de imperfección que nos acerque un poquito al bochín, no?
Excelente la "vuelta" que le encontró al final de esta historia!!
Felicitaciones!
Y Claudia Gariboti supo sentenciar, y comparto la frase: ninguna mujer quiere quedar... "expuesta a la posibilidad de tener que olvidar".
Gran historia.
Gran sentencia de Gariboti.
En fin, todo grande!!
Abrazos!!
Me quedé pensando en lo que dijo Candorosa y en las palabras de Garibotti.
En realidad, quedar "expuesta a la posibilidad de tener que olvidar" es indispensable para cualquier historia que valga la pena. Si sabemos que esa historia no nos interesa realmente, no estamos arriegándonos, claro, porque sabemos que no vamos a ganar o perder nada. Por algo está la frase "el que no arriega, no gana".
O sea, aunque no queremos quedar expuestos a la posibilidad de tener que olvidar, finalmente vamos a tener que exponernos si queremos arriesgar para ganar.
Un final impresionante, que me da una especie de congoja por la imposibilidad del amor.
Saludos.
casi triste el destino del chico, bien por ud, buen relato. un beso.
y 14????
No esperaba menos de usted.
Excelente.
Más que con el veredicto brutal y poético de la tetona Garibotti, me quedo con sus palabras:
"Los pequeños retazos de gloria que un individuo puede arañar a lo largo de su existencia, llegan siempre en compañía de una factura, un contrapeso destinado a impedir que la suela de los zapatos remonte un vuelo nada recomendable..."
Don Yoni:
CLAP!
CLAP!
CLAP!
CLAP!
Sencillamente EXELENTE! :O
Por mas que el tema en cuestión no se ael que suele tratar, no deja de verse el Yoni que conocemos a lo largo de toda la historia. ;)
Y sí, el tamaño no siempre es una fija a la hora de tener una relación fija..
Pobre pibe, la tetona lo dejó hecho un trapito..
Pero un trapito muy grande..
enorme, diría yo..
:P
No. Me niego a que termine acá.
Necesito al menos una o dos entradas con más descripciones explícitas de una noche de sexo de este sujeto. Al menos una.
18, y vuelvo.
aburrida, permítame decirle que leer "una o dos entradas" y "sujeto" en la misma frase, me hizo correr una gota helada por la espalda.
No sé. Llámeme cobarde, pero con este personaje, más vale estar suelto que sujeto.
Nunca se sabe en qué momento una querrá salir corriendo.
Pero sí, coincido en que el público -me incluyo como fanática que soy- pide más.
Al Sr. Yoni, digo.
Al personaje, más, no se le puede pedir.
Excelente final, excelente reflexión. Hasta me ha dado un poco de tristeza...
Un abrazo.
Explorar en las justificaciones psicológicas de la sentencia e suna tentación que no puedo satisfacer con probidad. Tengo la sospecha, no la certeza.
Claudia, una "hombre triste" de ley, sucumbió al placer de poner en palabras eso inasible que sucede de vez en cuando. Y fue determinante.
"Porque ninguna mujer se va a arriesgar jamás a convertirte en una costumbre. En un amor. A quedar expuesta a la posibilidad de tener que olvidar."
Excelente! Siempre quise conocer al amor imposible, a la mujer ideal de aquel que sueña sueños imposibles.
lo que vine a decir, lo ha dicho la Mona con atinada certeza. Digo lo que dijo, con su licencia (la de la Mona, claro).
Y aplaudo.
Ahora que es usté del todo, aplaudo!
tenga una semana para recordar con vinito y postre. Y café, si dan.
que loco eso de las mil conquistas!!!
Sentencia magistral.
Con fundamentos inconmovibles.
Con excelsa valoración de los testimonios.
Con párrafos dignos de la mejor doctrina.
Un precedente difícil de ser rebatido.
Digna de Anales (aunque considerando el enorme atributo del sentenciado, mejor no.
Lo felicito.
Como veía siempre la misma foto no me había dado cuenta de que había posteado las otras tres partes de la historia, que tarada.
Asi que vengo leyendo desde la II.
No imaginaba que vuelta de tuerca le iba a dar a la historia, me gustó el final, me dejó un poco triste eso si.
La Garibotti tuvo la capacidad de ver mas alla, de predecir un futuro de soledad que se cumplió finalmente.
Es injusto que un supuesto "don" se te vuelva en contra; entonces no es un don, es una carga nada envidiable.
Pero bueno ... la vida suele jugarnos esas malas pasadas, ya se sabe.
Muy buen relato, y su estilo es ciertamente reconocible en muchos pasajes.
un abrazo, tarde pero seguro
“Vos sos un instante. Un instante de cielo. En tu vida solo vas a conocer relaciones efímeras, aunque reales. Porque ninguna mujer se va a arriesgar jamás a convertirte en una costumbre. En un amor. A quedar expuesta a la posibilidad de tener que olvidar..." Chapeaux. Breath taking! Magnífica tu forma de escribir.
COMENTARIO GENERAL: MUCHAS GRACIAS A TODOS POR HABER ACOMPAÑADO ESTA EXPERIENCIA. ESPERO QUE HAYA SIDO DE SU AGRADO.
UN SALUDO.
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