
UN ARMA DE GRUESO CALIBRE (TERCERA PARTE)
LA RUPTURA
Hablar del oso Lampone implica la tarea de retratar en la mente del lector a un mastodonte de casi dos metros de altura y ciento diez kilos de puro malhumor, que por fortuna para todos los que aún nos hallábamos a medio camino entre el renacuajo y el hombre había egresado del colegio el año anterior, llevándose consigo su abultada maleta de abusos y vejaciones. Sin embargo yo continuaba temiéndole con la misma intensidad que aquel infausto día en que me lo crucé por primera vez y me obligó a hacer ciento veinte flexiones de brazos para evadir una paliza que, luego, de todos modos me propinó.
Hablar del oso Lampone implica, como dije al comienzo, hablar del músculo aplicado a la violencia por la violencia misma. De la cesión de útiles escolares a modo de tributo. Del peaje diario para transitar libremente por cada rincón del patio de recreo. De cabezas sumergidas en la profundidad de los inodoros solo por diversión. De súplicas ignoradas. De ruegos sin eco. De silencios forzados.
Hablar del oso Lampone implica hablar de todo eso, pero por sobre todas las cosas, implica hablar del novio celoso de Camila Pedroza.
Asumo entonces que ya no hace falta aclarar el motivo que me condujo a mantener mi conquista en el más absoluto de los secretos. Si bien Camila se encargó de amenazarme apenas acabó nuestro primer encuentro, lo cierto es que cualquier otro comportamiento habría puesto mi integridad física en serio peligro. Por supuesto que me moría de ganas por refregar en la cara de mis amigos la identidad de mi amante. Quería describir en detalle cada centímetro de su anatomía, cada una de las poses que me había regalado y cada grosería salida de su boca en el fragor de la batalla, pero no podía confiar en que aquel hatajo de desesperados, casto bajo protesta, fuera a mantener la compostura ante semejante revelación. Por lo tanto, y muy a mi pesar, prevaleció el instinto de conservación por sobre los alardes del semental. Y así continuó mi vida, oscilante entre los puños del oso pendiendo sobre mi cabeza como una espada de Damocles, y la caprichosa psicología de su novia, incomprensible para mi tierno cerebro preadolescente.
Cuando por fin pude convencer a Camila de utilizar sus reconocidas habilidades en el tratamiento oral del miembro masculino sobrevino la primera gran desilusión de mi vida sexual. Ese día comprendí que la única criatura con la cual puedo practicar dicha actividad sin causarle una muerte horrenda por ahogamiento es la pitón amazónica, cuyas mandíbulas superior e inferior se encuentran unidas por un ligamento sumamente elástico que le permite introducir en su boca objetos de un tamaño muy superior al suyo. Por lo tanto, si deseo mantenerme dentro de las convenciones, una generosa porción de mi aparato reproductor se encuentra circunscripta a los sitios que han sido diseñados para tolerar en forma más o menos decente una incursión completa. Y Dios sabe que no son todos.
Aunque no era precisamente una luminaria, llegó un momento en que la musa comenzó a aburrirse de mi inmadurez, y la marcha de la relación se tornó insostenible para ambos. Con la excusa de que el oso desconfiaba de su sinceridad, fijaba los encuentros en horarios que un niño de trece años no siempre estaba en condiciones de satisfacer. A veces me fugaba de casa saltando por la ventana de mi dormitorio, pero otras me resultaba imposible burlar la vigilancia de mi madre.
Así las cosas, quedé colocado en el papel del villano que abusaba de la niña inocente cuando le venía en gana, guiado únicamente por su apetito sexual y ajeno a los sentimientos de su víctima de turno. Una enorme falacia que, unida a las zonas de su cuerpo que por una cuestión de tamaño se hallaban vedadas a mi deseo, comenzó a minar su interés hasta llevarlo al punto crítico de la desaparición. La ecuación era simple: ella se divertía a dos puntas mientras yo sufría para cumplir con sus extravagantes demandas. Esa situación no permitía más que un desenlace, pero nublado como estaba por su sonrisa y su desnudez, yo era incapaz de tomar una decisión.
Aquella tarde de viernes me abordó por sorpresa al regreso de la escuela. Y al Igual que la primera vez, el futuro inmediato volvió a representarse en mi mente con una claridad meridiana. Mi aventura sexual clandestina y desenfrenada había llegado a su fin, y solo restaba la comunicación oficial para devolverme de un plumazo a mis célebres sesiones de inodoro, sitio del cual nunca había estado preparado para salir.
“No sos vos, soy yo”, comenzó diciendo. Según sus palabras, la diferencia de edad era un factor determinante para la separación, y sin embargo no daba la impresión de hallarse demasiado afectada. De cualquier modo, en los tres meses que llevaba nuestra relación yo había crecido. Ya no era aquel borrego vacilante y temeroso que podía ser sobornado para enseñar sus secretos frente a un grupo hembras en celo. Había dejado de ser un niño inocente para convertirme en un hombre, también inocente, aunque esa es otra historia. No estaba dispuesto a desaparecer sin la merecida indemnización, y por lo tanto mi contrapropuesta no fue tan precaria como aquel torpe intento de manosear las tetas de Claudia Garibotti.
“Voy a pelear por nuestro amor; estoy seguro de que el oso lo va a entender”, le dije con una calculada mueca de fastidio. Y su rostro palideció. Intentó convencerme de desistir, horrorizada con la idea de que un alfeñique de cuarenta y ocho kilos tuviera la intención de razonar con el oso Lampone, pero mucho más, intuyo, con la cuenta que aquel verdadero disparate podía traerle a ella. Pero como mi fingida tozudez resultó demasiado para sus argumentos, terminó ofreciendo lo que desde un principio yo había estado buscando.
Aquella tarde me despedí por la puerta grande. Fuimos a su casa y tuvimos una intensa sesión amatoria que culminó en el preciso instante en que la madre cerraba la puerta del ascensor al regreso de su trabajo. Nunca más volví a verla desnuda.
Más tarde, ya refugiado en la tranquilidad de mi hogar decidí que había llegado la hora de esparcir el rumor sobre las dimensiones de mi miembro. Deseaba cosechar los frutos de la fama, explorar nuevos horizontes, ignorante de que allí afuera no todas las mujeres eran tan osadas como la inefable Camila Pedroza.
Continuará...


19 lectores indignados:
Nada de inocente, ni de niño ni de hombre! Desde el principio ha sido un estratega, y no sólo un tipo de armas llevar.
Es como la historia de David y Goliat: éste último además de gigante ,cornudo. Pobre Oso, al final.
Si hubiera sabido de antemano que no encontraría fácilmente otras mujeres osadas, habría luchado por ella contra el Oso Lampone?
O la mujer o la vida.
Qué dilema...
(Iba a realizar un sesudo análisis que se coronaba con un famoso dicho popular, "más vale pájaro en mano", pero me pareció una expresión poco ajustada al tamaño... a la tamaña calidad de su pluma, quiero decir)
Y ahora??? Todavía tiene que escribir TODA la cuarta parte, o viene esbozando alguito ya??
Lampone era cornudo!!!
Vaya, la primavera la sangre altera y hace crecer desproporcionadamente ciertos miembros...Habrá que andar con cuidado...o no.
este chico es precoz.. pareciera que nacio con la capacidad de entender y manejar la histeria femenina.
espero el prox capitulo. es el ultimo? o se alarga?
un beso.
Por Zeus, que no se alargue!!! Que si no... aaaaahhh, la historia, dice Ud... ok, ok...
El muchacho resultó un tanto manipulador, diría yo. Aunque la idea de que se sepa lo de sus dimensiones no tendrá el resultado feliz que él imaginara...
El final, por favor, cuanto antes!!
Buen fin de semana.
Don Yoni:
Bueh, al menos el final(hasta ahora), no fue taaaan tremendo como pensé..
Ya me imaginaba que el flaco era descubierto por álguien con la susodicha en plena faena y lo revoleaban de los pelos y terminaba internado.. :P
O sea, mepa que el pendex de tonto no tenía un pelo.. ;)
Igual no le auguro mucho futuro a eso de publicar sus dimensiones amatorias por ahí.
Muy cierto es que mujeres valientes que no temen a semejante..
Semejante..
......
.....
Bueh, usté mentiende, no?, no va a encontrar muchas. :P
Dígame que ya tiene medio armado el final!!!
DÍGAAAAMEEEEEEEEE!!
no se olvide que me mata quedarme colgada del..
pincel..
:P
Al final el Oso resultó ser un pobre ornamentado,por decirlo finamente,y el adolescente pudo satisfacer sus bajos instintos ..
Saludos
jajaja!!
Qué novela apasionante!!
Puede escribir un folletín con esto!
Lo pensó?
Muy bueno!
Uy! Nos ha dejado atrapados! Quiero saber cómo termina. Me intriga la reacción que tendrá la gente si este chico empieza a hacer públicas las cosas. El ser humano es tan imprevisible...
Coincido con Cristina. Se vislumbra en el muchacho un futuro de estratega singular.
Recuerde que Alejandro Magno tomó las riendas del poder de Macedonia con tan sólo 20 años de edad...
Suerte que nadie lee los comentarios salvo el escritor: me tomo el atrevimiento de compararte coun Bukowski naive.
Yo seguiría explorando esta rama pseudo biográfica pseudo erótica.
Y los más interesante de todo es lo versátil que resulta.
Nuevamente, excelente
ay diosss, la comparación con la pitón amazónica le juro que me hizo correr frio por la espalda...again
por lo demás, me resultó genial, como las dos entregas anteriores, obviamente espero la próxima
beso
leì las tres entregas
y tambièn coincido con Cristina
nada de inocente
un estratega hecho y derecho que las tiene todas pensadas
como no podìa ser de otra manera :)
MUY bueno lo suyo caballero
me voy sorprendida!
Buen finde♥
Tanto tiempo webeando y yo sin decidirme entrar por este apartado de la red.
Le digo que hasta ahora sólo he leído las tres entregas de esta carnal saga repleta de exuberancias físicas y exquisitas manganetas en las artes amatorias.
Y le digo, en mi opinión y en contra de sus advertencias en letras rojas, el relato tiene de todo con mucha elegancia en las descripciones, en tanto, es de gran valor literario. Me ha entusiasmado la manera en que el muchacho va descubriendo cómo lo que hasta el momento era una desmedida peculiaridad corporal puede convertirse en la mismísima llave capaz de abrir las fantásticas puertas de Venus (o de Marte, si el quisiese, claro).
Saludos!
Cristina: Es así, los que tienen fama de peligrosos son los que están más expuestos.
Jazmin: La vida. Me quedo con la vida. No habría luchado. Muchas gracias a usté.
Gaucho: Así es la vida.
Dante: Cada uno elige sus propios recaudos.
A.R.N: Hay gente que nace con la virtud del criterio. Se termina con el próximo, que pienso subir en el instante en que termine de responder los comentarios.
Jazmin: No se alarga, no.
Marina: Muchas gracias a usté. Ya lo termino. Ya.
Fabiana: El muchacho sabe lo que hace, no tenga duda. Siempre hay candidatas. Lo termino ya. Muchas gracias a usté.
Julieta: Nadie se salva de los ornamentos.
Licha: Muchas gracias a usté.
Mona: Muchas gracias a usté. Podría ¿no?
LadyMarian: Muchas gracias a usté. Ya lo termino.
Señor Carugo: Muy cierto. Y además tampoco dejó títere con cabeza.
Aburrida: Muchas gracias a usté. Seguiré el consejo.
Laura: Una figura impactante, lo reconozco. Muchas gracias a usté.
Passion: Muchas gracias a usté.
Mr Verbal Kint: Bienvenido a este reducto. Y muchas gracias a usté.
Un saludo.
No está mal, pero la de presentación de mi blog tampoco le anda lejos.
un saludo faloso
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