
UN ARMA DE GRUESO CALIBRE (SEGUNDA PARTE)
CAMILITA
Cuando Camila Pedroza me abordó aquella tarde al regreso de la escuela, el futuro inmediato se me representó en la mente con claridad meridiana. Solo el inmediato, porque ese que denominamos mediato o remoto, el que se encarga de cotejar el placer con la factura a pagar, brilló por su ausencia. Es cierto que yo aún era un imberbe rebosante de ingenuidad, pero no hacía falta ser una lumbrera para percatarse de sus oscuras intenciones. Mucho menos después del patético espectáculo que ella y sus amigas habían montado en el dormitorio de mi hermana la semana anterior.
- Hola nene. ¿Cómo te va?- me dijo con una sonrisa pícara apenas perceptible.
- Bien Camila. ¿Y vos?
- Después de lo que nos mostraste el otro día pienso que podría estar muchísimo mejor- respondió asegurándose de que su mensaje llegara con suficiente nitidez a mi cerebro preadolescente.
Sentí que tanto las maneras como las palabras estaban cuidadosamente elegidas para cumplir un rol de intimidación, aunque por fortuna su desparpajo no me anuló por completo. Camila era una rubia despampanante, de rostro angelical y unas curvas codiciadas por todo el plantel masculino del colegio. Lucía unos pechos poderosos, que de no haber sido por la delantera inigualable de Claudia Garibotti le habrían valido el primer premio sin mayores oposiciones. Y sus piernas blanquísimas rozaban la perfección, con muslos tersos que viajaban siempre al descubierto gracias a su audacia y su generosidad a la hora de explorar los límites permitidos por el director en lo que a moda estudiantil se refería. Sin embargo, su fuerte estaba en la división de retaguardia, departamento en el cual ninguna de sus rivales, por segura de sí misma que estuviera, podía animarse a competir sin temor al ridículo.
Camilita era un trofeo demasiado tentador como para ser desaprovechado alegremente, y como ya señalé, yo no estaba del todo inhibido por su solapado abordaje.
- ¿Cómo te puedo ayudar?- pregunté devolviendo la sonrisa con desfachatez.
- Si venís un ratito a mi casa te explico. Hoy mi vieja trabaja hasta tarde, y yo estoy sola hasta la hora de la cena.
- Bueno- contesté-. Y no agregué más. Quería que todo se diera lo más rápido posible, por aquello de los pájaros en la mano y los cientos que suelen volar.
Ni bien cerró la puerta del departamento sus dedos se deslizaron dentro de mi pantalón, generando de esa forma la primera erección de mi vida con serias aspiraciones de hallar un final digno de ser contado.
- ¡Dios mío nene! Voy a hacer todo lo que pueda, te lo prometo- confesó mientras me besaba la comisura de los labios-. Mete miedo tu amigo…
- ¿Es para tanto?
- Te juro que sí- sentenció con los ojos cerrados.
Nos encerramos en la habitación de la madre y dedicamos la siguiente media hora a una serie de maniobras preparativas durante las cuales sufrí un pequeño accidente que volvió el asunto a foja cero. Por supuesto que el entusiasmo lógico del debut me devolvió al combate en pocos segundos, aunque no me ahorró la vergüenza (más tarde Camila se vio obligada a llevar a cabo una compleja operación para ocultar la evidencia del desastre, y jamás olvidó el incidente). Sin embargo, llegamos al momento de la verdad envueltos en la locura de nuestra pasión adolescente, y cuando ella se colocó encima de mí, cerré los ojos y le di gracias a Dios por haberme dotado con la herramienta más adecuada para derrotar la endeble voluntad femenina.
- Quedate bien quietito nene eh… ni se te ocurra subir, que prefiero bajar yo- suplicó todavía compenetrada en su rol de docente-. Cuando yo te diga que estoy lista, muy despacito, te vas a empezar a mover.
La mueca de dolor en su rostro mientras –con precisión quirúrgica- ejecutaba la maniobra quedó grabada a fuego en mi memoria. Fue la primera manifestación del inconmensurable poder que me había sido otorgado, y que a partir de ese instante debería dedicarme a administrar del modo que mejor supiera o pudiera. Sentí alegría y pena a la vez; una mezcla que en aquel primer instante resultó deliciosa, pero que con los años fue pesando más y más en mi ánimo.
Aguardé su señal y comencé a moverme muy despacio, con las manos bien afirmadas en sus nalgas tensas por el esfuerzo. Luego aumenté la intensidad ignorando sus ruegos, y finalmente la conduje a un sacrificado orgasmo que ocurrió al tiempo que imploraba una piedad que jamás le fue concedida.
Es menester subrayar que Camila Pedroza, de dieciocho tiernas primaveras, rubia, de rostro angelical y un físico diseñado para la alta competencia, completó la faena entre sollozos, pero con una dignidad que, de no haber sido por la euforia que nubló mi razón, habría merecido, como mínimo, un cerrado aplauso. Ni por un instante consideró la alternativa de la retirada, y ese es, quizás, el único detalle que hoy debo agradecer de nuestra breve y tortuosa relación posterior.
Cuando por fin quedamos satisfechos nos derrumbamos uno al lado del otro, exhaustos. Y ella me abrazó y me besó con una sinceridad que su espíritu traicionero jamás volvió a demostrar. Todavía temblaba, y sus mejillas estaban húmedas gracias a una alquímica mezcla de lágrimas y transpiración.
Fue un momento mágico. Era imposible para un adolescente recién estrenado en las artes amatorias presagiar la tormenta que se avecinaba.
Continuará...


16 lectores indignados:
Perdón..."solapado" abordaje????
jajajajjaaaaaa
Pero si fue un abordaje de lo más abierto, con colgadura de la cuerdita, espada en mano, cuchillo entre los dientes y grito alegórico!!!
Estuvo muy bien, quiero más!
Esperamos lo que sigue!!
Gauchita, la Camila!
Bueno, pensé que la cosa iba a terminar mal pero me equivoqué. Tengo la impresión de que va a haber muchos chismes en el colegio.
A ver cómo sigue!
Besos
Puff, Sr. Bigud, qué stress!!!
Esas lágrimas no se olvidan nunca.
Nota mental: volver más temprano del trabajo.
Neeeeeeeeeeext!!!
camilita!! con ese nombre!!! juaaaaaas!!! me uno a las risas d mona!!! juaaaa!!
Está muy bien descripto el momento, puedo imaginármelo.
Saludos.
muy bien don yoni, nos tiene expectantes a la proxima entrega...
Sepa que me tiene a la expectativa con esta tragicomedia sexual.
Coincido con Mona Loca, fue un encare alevoso.
Cuándo publica la próxima parte??
Saluditos.
La mueca de dolor en su rostro mientras –con precisión quirúrgica- ejecutaba la maniobra quedó grabada a fuego en mi memoria.
no hay mucho más que comentar sobre la historia, muy buenas descripciones, precisas sin caer en lo burdo
besos
Señor Yoni:
Ok... llegué tarde pero ya leí la primera y segunda entrega.
El relato es impecable y además el manejo en dosis de la información de la relación con Camila hace que uno espere el final.
Lo felicito
Estimado Yoni, de mi parte es la prima vez que arrimo el bochin a su rancho y no puedo reponerme por lo que acabo de encontrar aqui...
Lástima que ya aclaró que NO es autobiográfico!!
Esperamos con inquietud la siguiente entrega!
Usted combina hábilmente varios géneros literarios: con un título policial, nos describe escenas de realismo mágico y además nos deja con la intriga!
Pero Camilita era una..!!??
Perdón, me dejé llevar..
Mire, no deje pasar mucho tiempo para la conclusión del relato.
Me imagino que se le viene la noche al probre pibe, por que nda que empieze así de bién puede acabar igual..
haga de cuenta que no dije la última palabra, plis.. :P
Y 14!!
hemos vuelto a la normalidá..
Ese chico es un groso!!!
Queeee ????? bueno esta bien no entremos en el chiste facil.
Lo cierto que tener tanto arsenal tambien debe traer muchos problemas no cualquiera llegaria a la noble y estoica posicion de la Camila.
45 dijo ??? uffff
COMENTARIO GENERAL: MUCHAS GRACIAS POR SUS GENEROSOS APORTES. SERÁN RESPONDIDOS A LA BREVEDAD.
UN SALUDO.
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