Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

lunes, 17 de noviembre de 2008

CHARLAS CON UN ÁNGEL (VI)

Desenlace.


Charlas con un ángel (VI)

Ángel: Ese es su famoso dios, mal que le pese. Algunos lo aman, otros lo odian, varios lo respetan y unos pocos se mofan de él; pero a nadie le es indiferente. En el fondo, es lo que ocurre con cualquier individuo que se hace notar. El que asoma la cabeza se expone a la mirada crítica de aquellos que no han tenido el valor para hacerlo. El mundo siempre se ha comportado de esa forma, pero en este caso, el sujeto tiene su cuota de responsabilidad. Ha dejado demasiadas cosas libradas a la imaginación de los demás, sembrando la duda y negando la certeza sin necesidad.

Yo: Supongo que Él sabrá lo que hace. Después de todo, nosotros somos demasiado pequeños para criticar sus métodos. Hay que admitir que carecemos de la información necesaria para emitir un juicio. Yo soy solo un hombre, y usted es solo un ángel. Ninguno de los dos posee naturaleza divina, por lo que es dable pensar que nuestras facultades para la comprensión de la realidad son muy limitadas. ¿Por qué pretendemos la certeza de su existencia? ¿Y si en cambio solo nos dedicáramos a vivir la vida?

Ángel: ¿Usted me está cargando? Ya le dije que no me gusta que abra la boca antes de exprimir un poco los sesos. ¿No ve que este es un tema sensible? ¿No ha notado usted que en todo el mundo la gente se mata entre ella con tal de imponer un nombre para ese dios desconocido? ¿Y todavía me pregunta por qué es tan necesaria la certeza? Imagine que mañana bajara ese ser celestial, y sin más preámbulos se presentara ante la raza humana con ese esplendor que tienen los entes de alto rango. Hola, mucho gusto, mi nombre es Juan de los Palotes y soy el dios del universo. ¿Qué tal? Se acabó la religión tal y como usted la conoce hoy en día. ¿Se da cuenta? ¡Sería algo maravilloso!

Yo: Usted está simplificando el asunto solo para dejar probado su argumento, y pienso que eso lo ha conducido al terreno de la inexactitud. Si mañana se le ocurriera bajar a la tierra –si es que para llegar hasta aquí tiene que bajar desde algún lado- nadie lo tomaría en serio. El mundo de hoy no es el de hace dos mil años. Todos lo acusarían de haber recurrido a la tecnología para darse aires divinos, y nadie estaría dispuesto a aceptar la muerte de su propia idea. Lo insultarían, lo apedrearían, y luego intentarían crucificarlo a la vieja usanza.

Ángel: Pero usted se olvida de que este visitante sería el dios verdadero, y no un loco mesiánico con ganas de ser adorado por un ejército de esclavos. Este detalle nos conduce de nuevo al asunto de las certezas. ¿Qué tal si, como quién no quiere la cosa, abriera una brecha en medio del Océano Atlántico o creara una cadena montañosa? ¿Y si hiciera resucitar a algún muerto ilustre? Y mejor ni hablemos si, solo para amedrentar, se le ocurriera arrojar un rayo fulminante sobre los primeros dos o tres mil herejes que se le cruzaran en el camino. Sería una demostración bastante más cruel, pero igual de elocuente que las otras.

En fin, a mí se me ocurrirían un millón de formas distintas de probar mi divinidad. El problema de fondo no sería ese, sino la obligación posterior de lidiar con el terror, la súplica y el arrepentimiento de los que solo se doblan cuando ello ya no acarrea ningún mérito. La valentía del ser humano es mucho más intensa en ausencia del enemigo, y eso, aunque ustedes no lo crean, es bien sabido en los estratos superiores del orden universal.

Yo: Me resulta curiosa la forma en que ha cambiado su postura frente al Creador. Ayer lo insultaba en todos los idiomas conocidos, y hoy su única crítica se centra en las dudas que sembró en el seno de una especie que usted aborrece. La verdad es que estoy desconcertado, pero celebro su renacido respeto.

Ahora me he quedado sin tiempo, así que si le parece mañana seguimos desarrollando este punto.

Ángel: ¿Cómo? ¿Todavía no le dije? Me temo que eso no va a ser posible. Ayer fui notificado de que van a devolverme mi antiguo puesto de trabajo. Hoy por la noche abandono esta fachada para siempre.

Yo: Con razón. Ahora me queda todo más claro.

Ángel: ¿Qué me quiere decir? No entiendo a qué se refiere.

Yo: Digo que es una pena que tenga que retirarse justo ahora que la charla se estaba poniendo interesante. Ya hemos analizado en detalle las cualidades más reprochables del ser humano, y habría sido bonito indagar un poco en sus propios defectos. ¿No le parece? Sobre todo teniendo en cuenta estas pequeñas modificaciones que introdujo en su discurso en las últimas veinticuatro horas.

Ángel: ¡No le permito! Yo nunca insulté a nadie, y por otra parte, mi espíritu crítico es el mismo de siempre. Usted quiere proyectar sobre mí todas sus miserias.

Yo: Caballero… cada uno a su casa, y con sus conclusiones bajo el brazo. Se nos terminó el tiempo. Tenga usted un feliz regreso al jardín del edén.

Ángel: Y usted una feliz existencia terrenal. Medite lo que le dije y se dará cuenta de que tengo razón: Mientras Él no aporte certezas, seguirá adelante el festín de los impíos.


FINAL DE FINALES

2 comentarios:

Mona Loca dijo...

Esta conversación se me hizo particularmente oscura!

ahora...el ángel no tiene condición divina? Caramba!

y con qué lo van a reemplazar?

Va a ver que lo va a extrañar, cuando salga al balcón y lo único uqe vea sean las serpietnes esas.

Yoni Bigud dijo...

Mona: Oscura, sí. El ángel tiene una naturaleza semidivina... es un híbrido, una suerte de nexo entre el más acá y el más allá. Esto lo digo de la misma manera que se dice cualquier cosa en este campo: Sin ningún fundamento científico.

Espero que no lo reemplacen con un querubín. Uno extraña todo aquello a lo que se acostumbra ¿no?

Un saludo.