Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

martes, 11 de noviembre de 2008

CHARLAS CON UN ÁNGEL (II)

Transcribo ahora un fragmento de la segunda charla.


Charlas con un ángel (II)

Ángel: ¿Sabe por qué fracasó su bendita revolución? ¿Quiere que se lo diga con todas las letras? Se lo digo entonces, pero no vaya usted a enojarse por un simple juicio de valor que bien podría ser erróneo o falto de profundidad. Es mi opinión, y nada más que eso. Su revolución fracasó por carecer del elemental romanticismo que han sabido tener siempre las revoluciones destinadas a quedar inscriptas en las páginas más gloriosas de la historia universal. Lo suyo fue solo un triste conato de sublevación apenas distinguible de un motín carcelario bastante desorganizado. Para resumirlo en palabras más o menos piadosas, la única y última aventura de un teórico desocupado seguido sin demasiada convicción por un hatajo de trasnochados que no tenían para nada claros ni sus objetivos en esta vida, ni los de la revolución en la que participaban a causa de un error inducido o de una negligencia genética. Fue el exabrupto de un pensador inconforme nublado por el egoísmo, que prefirió soñar con la gloria personal y no con el bienestar de su gente.

Yo: Para ser un ángel condenado a posar ridículamente en esa fachada repleta de defecaciones de palomas, sus apreciaciones sobre mis asuntos son bastante agresivas. Al contrario de usted, yo pienso que fracasamos porque la sociedad no estaba preparada para recibir la libertad en las enormes dosis que nosotros pretendíamos inyectarla. La derrota obedeció más a cuestiones estratégicas que a deficiencias de liderazgo, y sostener otra cosa sería una injusticia de proporciones titánicas. Por otra parte, no comprendo cómo desde la pretensión de platicar acerca de la belleza del mundo, hemos derivado en el fracaso de mis sueños revolucionarios de juventud. Es una barbaridad que sospecho provocada por su manifiesta animosidad hacia mi persona.

Ángel: ¡Cállese la boca hombre! ¡Por el amor de Dios! Deje de espetarme tamañas estupideces en pleno rostro, que mi paciencia no es infinita. ¿Sabe usted qué quieren decir exactamente los soldados cuando hablan con el pecho inflado del “orgullo de morir”? Imagino que no tiene la más pálida idea; de otro modo, el amargo destino de esa revolución de pacotilla que decidió armar como justificación de sus pobrísimas cualidades intelectuales habría sido completamente distinto. ¿No le parece?

Yo: No. No me parece en lo absoluto. Más bien sospecho que la exposición continua a la inclemencia de los rayos solares del mediodía lo ha empujado a realizar un forzado viaje –sin billete de vuelta- por el terreno de las divagaciones. ¿Qué es eso del orgullo de morir? Nadie que se encuentre en su sano juicio apoyaría una moción de esas características. No solo es disparatado, sino que es peligroso. Una cosa es morir con orgullo, algo que puedo comprender y aceptar sin oponer excepciones filosóficas de ningún tipo, y otra bien distinta es hallarse orgulloso por el hecho frío de la muerte. Eso sí que no tiene sentido.

Ángel: Vea buen hombre… cuando alguien entrega la vida por una causa noble, siempre lo hace con orgullo. Incluso puede verse conmovido por el hecho frío de la muerte. Aunque a usted no le parezca posible. Su proyecto revolucionario resultó un auténtico fiasco porque sus soldados –jóvenes cobardes e inexpertos- no conocían la causa de la movilización. Es más; ni siquiera habían ocupado su tiempo en las indagaciones más básicas. Así, apenas oyeron el estruendo de la primera bomba, corrieron espantados por los feroces ladridos de su propio instinto de supervivencia. Esa es la única explicación que tienen los sucesos.

Yo: Usted habla como si hubiera sido testigo, y a mí me consta que no lo fue. Trate de no interpretar que he perdido los estribos, pero me parece que su famoso juicio de valor es un poco apresurado. Si bien no le estoy exigiendo una retractación, por lo menos lo insto a la pausa.

Ángel: Como quiera mi amigo. Igual ya me estaba cansando de la charla de hoy. ¿Por qué no vuelve mañana? A ver si nos entendemos mejor…

Yo: De acuerdo. Es una proposición sabia. Su primera actitud angelical en estos dos días. Buenas noches.

Ángel: Buenas noches.


FIN

2 comentarios:

Mona Loca dijo...

Pero al final hablaban de lo mismo acerca de "morir con orgullo"!!

No debe de ser fàcil discutir con un Angel, nono.

Para empezar...no lo mira usted desde abajo? ( lo imagino a ud en el balcòn y el un poco màs arriba) En esas condiciones, no se puede discutir en un plano de igualdad, tenga cuidado.
Y el tamaño??


Lo ùnico a su favor es la inmovilidad del otro. Pequeña ventaja, pero ventaja al fin, y como abogado seguro sabrà aprovecharla.

Pero OJO: el Angel ése es muy inteligente y le sobra tiempo para conocer la naturaleza humana.

Yoni Bigud dijo...

Mona: Le confieso que a veces, en tren de aprovechar esa inmovilidad que usté señala, me trepo y lo cacheteo un poco. Sin embargo él siempre se queda mudo y quieto, y me termina agarrando vértigo.

Un saludo.