Centenares de oscuros relatos que, más temprano que tarde y con total justicia, serán olvidados por los lectores, marginados por los críticos y desconocidos por el autor.

viernes, 14 de noviembre de 2008

CHARLAS CON UN ÁNGEL (V)

Confesiones de un ser celestial.


Charlas con un ángel (V)

Ángel: Eres tan cruel como tu padre. Eso le dije. Ahora ya lo sabe. ¿Está contento? Si lo conociera como yo lo conozco, sabría por qué se lo dije; pero claro, ustedes los humanos prefieren la crítica sin basamento antes que la información valedera. Les encanta someter al indefenso, humillarlo, y de ser posible, obligarlo a declarar su culpabilidad desde el cadalso, frente al brillo de las picas de la multitud iracunda. Experimentan un placer casi sexual cada vez que alguien se arrastra desnudo por el lodo, implorando la misericordia de unos jueces que encarnan una moralidad teórica. Eso es lo único que sirve para saciar su morbosidad; todos lo saben, pero pocos lo dicen. Una vez que incurren en el error o en la crueldad, insisten con una agobiante tenacidad. Sin dudas son el cáncer del mundo.

Yo: ¿Por qué se pone así? Yo no estoy juzgando su accionar, y no tengo planeado hacerlo. No tengo esa facultad. Si usted dijo lo que dijo, habrá sido por algo. Quédese tranquilo. Lo único que yo deseaba, siempre con su permiso, era analizar más profundamente esa frase. Percibo un sentimiento genuino expresado en poquísimos términos, y eso me parece maravilloso.

Ángel: No entiendo qué puede parecerle maravilloso en todo este asunto. Usted es un tipo raro, pero si quiere desmenuzar mis dichos en busca de esas verdades que lo obsesionan, no seré yo quien se interponga en su camino.

Yo: Se lo agradezco mucho. Lo primero que quiero decirle, aquí entre nosotros, es que no debió tutear al Cristo si no se hallaba expresamente autorizado. ¿Cómo se lo ocurre? Y encima para decirle esa barbaridad. ¿Se da cuenta de lo que hizo? Lo acusó de ser un personaje cruel y despiadado, y de paso metió al padre en la misma bolsa. ¿Está loco? Después de todo, Él, su padre y eso que llaman Espíritu Santo son la misma persona. ¡Por supuesto que él es como su padre! ¿Qué esperaba? ¡Él ES su Padre! Y usted lo sabe mejor que nadie. Ahora… lo de la crueldad corre por cuenta suya. La frase es un reproche, y eso no tiene discusión. Usted acusa sin ningún tapujo, y al mismo tiempo exhibe un resentimiento que involucra a todo el divino árbol genealógico. No me extraña que haya acabado convertido en piedra. Lo raro es que también le haya concedido el privilegio de conservar su aspecto angelical.

Ángel: Le anticipé que no iba a ser capaz de refrenar su instinto. No se sienta avergonzado señor, es un defecto de su especie. Usted no puede hacer nada para evitarlo. Le repito, por si en algún momento logro que se le grabe, que si lo conociera no pensaría de la misma forma. ¿Pero qué sentido tiene mi insistencia si usted ya ha bajado su martillo justiciero? Yo tengo merecido mi destino de inmovilidad, y todo lo demás no tiene ninguna importancia.

Yo: No se ponga melodramático, que yo salgo al balcón para distraerme un rato. Terminemos por hoy. Creo que esta breve introducción ha sido un buen pie para ingresar de lleno en el tema de mi dios. ¿No le parece? Mañana podrá ayudarme a conocerlo un poco más.

Ángel: Lo voy a intentar, pero no le aseguro resultados. Ustedes los humanos son criaturas muy tercas.

Yo: Lo veo mañana entonces.


FIN

2 comentarios:

Mona Loca dijo...

Oiga! ese reproche me parece haberlo escuchado en otra parte...ese ángel no se llamará Luzbel (ito)?

Sino, debe de ser un primo, o un amigo íntimo, el discurso es muy parecido.

Yoni Bigud dijo...

Mona: Los ángeles son así, Mona. No se les puede dar un metro que ya aparecen las recriminaciones.

Se insinúa cierta relación familiar ¿no?

Un saludo.