La Duquesa de Katmandú, que lo que hace lo hace maravillosamente aunque en este acto haga gala de un curioso enfoque sobre las dotes del espíritu y la inteligencia, me ha otorgado un nuevo galardón (gracias, precisamente, e ese enfoque) que a continuación exhibo con orgullo:
PREMIO CABELLOS DE ACERO A LA SENSIBILIDAD Y SESUDEZ

¡MUCHAS GRACIAS DUQUESA!
Cuestión previa: El siguiente relato responde a la consigna "un cuento que explote el campo del absurdo".
EL CAMPO DEL ABSURDO
Recuerdo muy bien el día en que explotó el campo del absurdo, porque fue la única vez en mi vida que vi llover vacas lecheras sobre la ruta cuarenta y ocho; y resultó un espectáculo horrendo. Sin embargo fue una desgracia con suerte, pues de haberme encontrado yo en mi casa al momento de la explosión, habría volado en mil pedazos junto con toda la hacienda de aquel vecino infortunado.
El absurdo era hijo de inmigrantes rumanos, y vivía de la producción agropecuaria desde principios de la década del sesenta. El apodo se lo había ganado a causa de la infinita cantidad de hechos penosos e incomprensibles que le ocurrían casi a diario. Lo del campo, bien que escapaba un poco de su normalidad, no era del todo novedoso. En aquel tiempo ya había sufrido el azote de un granizo localizado en sus cosechas, la misteriosa aparición de una laguna sobre sus brotes de soja, la homosexualidad de dos carísimos toros reproductores que había adquirido, y muchas otras calamidades no menos originales que esas. El pobre parecía tener un imán para atraer las catástrofes, y no importaba cuántas veces se levantara, porque siempre ocurría algo que lo devolvía al suelo.
Aquella tarde regresó de la ciudad con todos sus impuestos pagos, y se encontró con el enorme hoyo negro que una vez había sido su campo. Lo contempló angustiado, enfermo de una tristeza tan densa, tan pura, que sintió que Dios había creado para él una realidad propia, separada del universo, inabarcable en sus trágicas dimensiones. Entonces lloró frente a todas las personas que se habían acercado desde el pueblo, hasta que sus lágrimas crearon una laguna más grande y profunda que aquella surgida sobre los brotes de soja. Y cuando por fin estuvo llena se sumergió, así como estaba, con su boina desteñida y sus bombachas de faena; y jamás regresó a la superficie.
Ninguno de todos los que presenciaron su final hizo nada para detenerlo, pero yo no los juzgo. Si hubiera tenido el valor de permanecer allí luego de que derramó sus primeras lágrimas, habría hecho lo mismo que ellos. Cuando un hombre como ese, que se ha caído y levantado un millón de veces, decide quedarse en el suelo, es obligatorio respetar su voluntad. No hay nada que se le pueda reprochar; después de todo, nosotros, hombres privilegiados por una existencia al amparo del paraguas de lo previsible, no teníamos ningún argumento válido para intentar razonar con el absurdo.
FIN

12 lectores indignados:
Como siempre, un impecable juego de palabras que vuelca el relato en una dirección inesperada.
Ha leído El Angel de lo Estrambótico?
Un hermoso cuento absurdo...de Edgar Allan Poe.
Se lo recomiendo fervientemente!
Beso!
"Cuando un hombre como ese, que se ha caído y levantado un millón de veces, decide quedarse en el suelo, es obligatorio respetar su voluntad".
me encantó esa frase.
felicitaciones por el premio :)
saludos gran narrador ;)
Muy buen cuaderno, Narrador.
Hasta ahora me gusta mucho. Seguirè leyendo. Ya te enlacé en mi espacio, por cierto.
Saludos
querido yoni
Mire que es díficil el absurdo!
Hay que soltar amarras con la realidad y elevarse en un globo violeta con rulos.
Y el que lee el absurdo debe divertirse, y jugar a que está abajo viendo elevarse el globo.
Ha cumplido con creces, y algunas frases son memorables.
Excelente
Me dejás sin palabras. Elogiarte está de más.
Maravilloso.
Me queda muy claro que si llueven vacas lecheras, no hay paragüas que resista.
Genial lo suyo.
Besos.
Mona: A veces las casualidades me dejan medio mudo. Hace algunos días que estoy leyendo algunas cositas sueltas de la obra completa de Poe. Hoy por la noche lo voy a buscar especialmente.
Muchas gracias.
Marga: Muchas gracias, me alegra que le gustara esa frase, porque los relatos cortos tienen siempre dos o tres frases (a veces son solo términos) meditadas especialmente por el autor. Como si fueran adornos.
Camilo: Gracias. Hoy me voy a dar una vuelta por su espacio, aunque ya le puedo decir que me gustó. Estuve ayer por la noche.
Berenice: Muchas gracias. Me gusta esa figura del globo.
Lascivia: Muchas gracias. Me alegra que le gusten mis pequeños escritos. Tengo muchos más. Muchísimos.
María: El día que lluevan vacas lecheras las cosas se van a poner medio feas.
Muchas gracias.
Un saludo.
y? lo encontró?
Me encantó! Pobre hombre. Hizo bien. Hicieron bien los vecinos.
Escuche, este premio NO es absurdo!!
Ud. califica con creces (de acuerdo a mi grilla calificadora) el honor de recibirlo.
beso,
Mona: Sí por supuesto, lo encontré, pero como "El Ángel de lo Raro".
Yo creo fervientemente en lo raro, y si me apura, también en ese ángel. Jamás me habría pasado eso :)
Duquesa: Muchas gracias. Yo también creo que hicieron bien.
Muchas gracias otra vez.
Un saludo.
Bueno...en la traducción que tengo yo ( es un libro viejo, imagínese, en realidad era de la Mona Madre) figura estrambótico.
Creo que es mejor.
Primero porque es el que tengo yo :P
y segundo porque parece haber una pequeña pero importante diferencia, no?
Digo...que se pare el reloj es raro, que lo haga por el hollejo de la uva...es estrambótico!
jaja
Igual, me alegra que lo haya leido, es una faceta de nuesto amigo Allan Edgardo que no conoce mucha gente.
beso
Mona: Es cierto, puede que la palabra 'estrambótico' sea más adecuada.
Un saludo.
Publicar un comentario en la entrada