
Juan lee un ejemplar gastado del Antiguo Testamento, y ejerce todas las prerrogativas de la libre interpretación con un entusiasmo teñido de presagio. Él ignora por completo la frontera con sus posibles acciones.
Su habitación es una fotografía velada del alma. Lecturas místicas abordadas con incoherencia, juguetes de índole sexual y restos de cenas pasadas conforman la pintura de una existencia excedida en contradicciones. Sólo resta mencionar la pistola nueve milímetros -siempre amiga de la mano menos indicada- reposando al pie de la cama.
Destino o azar (a esta altura da lo mismo) se arrojan furiosos a la primera plana del periódico.
Vivi se quedó dormida, como todos los días. Se viste a las apuradas, se maquilla sin método y corre el colectivo con una tenacidad reñida con su aspecto físico. Soporta resignada los manoseos anónimos y llega a la oficina con la piel brillante de transpiración.
El senador promete una sanción ejemplar, como todos los días. Pero no la hará efectiva. Los contornos imprevisibles de Vivi, revelados por el vestido adherido a las nalgas a causa del sudor y la impiedad del transporte público, son un remedio infalible contra su ira. Podría forzarla a pagar sus culpas en especie, porque él sabe de los milagros obrados por la necesidad; pero detrás de la conciencia de su poder existe un hombre más o menos decente.
Juan irrumpe en el despacho del senador empuñando su arma. Sabe Dios cómo ha hecho para burlar el detector de metales. El viejo lo mira extrañado, pero sin temor. Vivi esconde su bolso y se pone de pie. Ella sí le teme.
El estridor del disparo sacude la paz del edificio.
Vivi se horroriza cuando ve su pecho teñido de un rojo viscoso, pero comprende que está ilesa al percibir el semblante abatido de su jefe, con las últimas ínfulas de vida derramándose sobre el escritorio. Entonces su mirada se funde en los ojos tristes del victimario, y ya no es capaz de temer.
Juan se acerca a Vivi ignorando los alaridos, llantos y silencios que se deslizan por debajo de la puerta hacia el interior del despacho. Con perenne dulzura introduce los dedos de su mano derecha entre el muslo de la muchacha y el volado del vestido, agitándolo suavemente para despegar la tela del cuerpo, desde las rodillas hasta el mechón de pelo negro que cubre la estrechez de la espalda.
Las balas de los custodios lo alcanzan antes de poder explicar su obra, y Juan muere sin defenderse.
Asesinato con motivaciones políticas, desborde moral basado en la lectura fanática de un libro sagrado o simple acto de amor. Esas serán sólo algunas de las hipótesis destinadas a suplir la ausencia de su verdad.
FIN

16 lectores indignados:
Qué pasará por la cabeza de esa gente...qué afrenta querría vengar?
O qué justicia querría hacer?
O qué deber estaría acatando?
Es algo que no siempre se llega a saber.
La mente humana tiene vericuetos muy extraños.
Juan no creía en la decencia del jefe de Viví...
Justiciero por amor, así lo percibo a Juan...
Saludos!!!
Mona: Muy cierto. A veces las motivaciones de la gente son imposibles de adivinar.
María: Es una posibilidad.
La candorosa: Yo también me jugaría por eso. El amor y el odio son explicaciones válidas para casi cualquier cosa.
Un saludo.
Imagino tantas hipótesis y prefiero salir de las más notorias.
A veces nuestras decisiones se confunden en sus concecuencias.
Un oscuro relato cargado de preguntas.
Una ficción demasiado real.
Buen trabajo narrador.
Me ha dejado intrigada.
Gratamente.
parece que los valores y motivos de las gentes no son todos comprensibles.
Besos
El siete es de buena suerte, pero con usted nunca se sabe.
Asi que
y 8
Lascivia: Generalmente no son las más notorias o las más posibles.
Camilo: Muchas gracias.
Berenice: Claro. Los motivos de la gente sorprenden.
Muchas gracias.
Berenice: Nunca está de más prevenir.
Un saludo.
Puede ser por amor, puede ser por odio, pero a todos los engloba como la mayor sospechosa a la impotencia. Creo que siempre es la culpable.
Buen relato.
Saludos
Uy, creo que éste es el relato (¿o cuento?)que más me gustó.
Excelente.
beso,
Gamar: Tiene su lógica lo que señala.
Muchas gracias.
Duquesa: Me alegra que así sea. Muchas gracias.
Un saludo.
Muy buen relato.Besos.
Sofy M: Muchas gracias. Bienvenida.
Un saludo.
Se viene el libro...
Pd: Podemos ser tu sponsor (sin poner un mango, claro)
Bla bla bla: Claro que sí. Trato cerrado :)
Ojo, que la idea está muy avanzada en mi cabeza.
Un saludo.
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